FIVE O´CLOCK TEA
















Para mí un café doble y para la señora un té.
En mozo se dirigió a la barra mientras las amigas continuaban con su charla.
-    Te decía, vamos con Darío a la costa.  Obvio que vamos en avión,  él me trata como una reina. Voy a tenerlo para mí sola durante dos días. No voy a dejarlo salir de la cama.
-    ¿Ni siquiera para cenar o almorzar? – preguntó Susana con tono jocoso
-    Comemos en la cama. No sabés lo erótica que puede ser una comida con él. No sólo es el mejor amante, es mi amor y mi vida, no concibo vivir sin Darío. Y él, está loco por mí, me lo dice a cada rato, no puede estar sin pensar en mí. Este es un amor de película, de novela. No se puede estar más enamorados que lo que estamos nosotros. Modestia aparte, somos la pareja perfecta.
-    ¿No sería tiempo de vivir juntos?
-    ¿Estás loca Marta o perdiste la memoria? ¿no sabés que Darío está casado? No te hagas la tonta
-    Ya sé que está casado, pero siendo todo tan perfecto, es una pena que no estén juntos
-    ¡No se puede! ¿sos estúpida? – dijo Susana, sin poder contener su furia
-    Perdoname, pero me parece lo más normal del mundo que dos personas que se aman estén juntas.
-    ¡Estamos juntos!, ¿o no entendiste que viajamos el fin de semana?
-    Lo entendí, pero es sólo un fin de semana. Supongo que quieren compartir más tiempo que un fin de semana cada tanto.
-     Estás equivocada, además vamos al telho cada dos o tres días, ¿te parece poco? ¿O preferís esos matrimonios que hacen el amor una vez al mes y el tipo o ella tienen un amante?
-    Esa es la situación y vos sos la amante.
-    Vos no entendés el amor verdadero, no hace falta estar siempre juntos físicamente. Él está en mí y yo en él todo el tiempo.
-    Es cierto, no entiendo. Yo creo que para dos personas que se aman tanto, el máximo deseo es vivir juntos, compartir todo su tiempo.
-    Vos porque no sabés lo que es amar y mucho menos que te amen.
-    Puede ser, pero ¿hablaron alguna vez de vivir juntos?
-    ¡No puedo creer en vos semejante grado de envidia y estupidez! ¡Él está casado! ¿no entendés? – Las palabras de Susana eran audibles por el resto de los ocupantes del bar quienes, con disimulo, comenzaron a mirar a las “amigas”.
-    No te enojes Susana, pero él no está obligado a estar con su esposa. La elige a ella cada día. De lo contrario ustedes ya estarían juntos. ¿Tiene algún impedimento legal, económico o de algún otro de algún tipo que desconozco?
-    Él me elige a mí, estúpida. Me colma de regalos, me escribe.
-    Él elige a ella, Susana. No te engañes. Nadie actúa contra su voluntad pudiendo no hacerlo. Si él tuviese verdaderamente el sentimiento que proclama estaría con vos, no hay dudas.   Debe haber una razón por la cual no te elige pudiendo hacerlo, es lógica pura. Tené la relación que puedas, pero tratá de no mentirte, mirá la relación tal cuál es, una relación sexual satisfactoria, seguramente con cariño, pero sin proyecto. Relatás una historia que se desvanece ante el primer cuestionamiento. Si desde el corazón sentís que ese es el tipo de relación que buscás no hay nada que decir, pero no hay ser humano que se sienta completo con relaciones tan parciales. Sos una parte de su vida, pero su proyecto vital no lo desarrolla con vos. El amor verdadero poco se parece al de los amantes. Para mí, el amor verdadero se va descubriendo con el tiempo, es un amor más suave, más profundo, es un amor que se compromete. 
-    ¿Qué sabés vos de amor?, Marta.
-    ¿Hablan alguna vez de un futuro juntos? 
-    ¡Claro que hablamos de eso!
-    ¿Y llegan a algo concreto?
-    Por ahora no, Roma no se hizo en un día, ¿o tampoco sabés eso?.
-    ¡Llevan seis años juntos y nada cambió! Solamente sexo y cada vez más perverso.
-    ¡Vos estás loca de envidia! Además de ir a la cama, hablamos dos veces por día, para qué sepas
-    ¿De qué hablan Susana? ¿De una vida en común? ¿De sentimientos profundos,  ¿ De proyectos compartidos?  o ¿Solamente del día a día? o ¿Solamente de generalidades que no comprometen?

Cuando llegó el pedido  solamente una persona ocupaba la mesa del bar. Fue la última vez que se vieron. Mientras tomaba su té, Marta comprendió en forma tardía que Susana entendía la situación, sólo que no podía aceptarla, o tal vez fuera ella, que no era capaz de entender el verdadero amor.




Comentarios

Entradas populares de este blog

despedidas

licencia para matar

Osho, simplemente estamos aquí, nadie sabe por qué