no somos ángeles
Quiero asegurarles que todo tiene una motivación , aunque en ocasiones esa motivación no sea fácilmente identificable y por lo tanto se tienda a creer que las cosas suceden por que sí. ¡Falso!, todo tiene una motivación y todo sucede por algo. Permítanme ilustrar con un e jem plo: t engo cientos de –y no exagero- compañeros de trabajo. Con unos pocos interactúo diariamente y otros no sé si existen realmente o son figuras holográficas proyectadas por el gerente de Recurso Humanos, sólo sé que somos muchos y que no conozco a todos , aunque hay una categoría intermedia: la de aquellos que identifico físicamente pero de los cuales no sé absolutamente nada más. Dentro de ese subgrupo revista una señorita de generosos volúmenes y actitud provocativa –digamos-. Dicen las malas lenguas que sus llamativas curvas fueron financiadas por un conocido, ignominiosamente abandonado luego de su generoso aporte, aunque no estoy en condiciones de aseverarlo, ni tampoco quiero salir en defensa del me...