el desafío de aceptar la realidad
Estoy convencido que la forma en que se acepta la realidad es determinante en la calidad de vida.
Los preconceptos, las modas, los mandatos familiares, las ideologías, los dogmas y la cultura en general, configuran un molde al cual nuestra realidad generalmente no se ajusta, provocándonos una gran insatisfacción y haciendo que reneguemos de ella. Con el paso de los años aprendemos que parte de la felicidad consiste en prescindir de paradigmas y esquemas.
Peleados con la realidad, dilapidamos nuestro tiempo a la espera de cambios -que íntimamente sabemos jamás ocurrirán-, lo cual no hace más que exacerbar el sentimiento de frustración hacia el cual los humanos somos tan proclives. Cuando las expectativas -irreales y desmedidas- están puestas sobre otras personas, a la frustración se le suma la desilusión y a la desilusión le sucede el enojo y hasta el odio, con lo cual no sólo estaremos peleados con la vida sino también con las personas que nos rodean.
Renegar de la suerte que nos ha tocado no hace más que malograr lo único que realmente es nuestro: nuestro tiempo, el cual transcurre en forma irreversible sin importar que tan angustiados o felices nos encontremos. El tiempo es una magnitud intrínsecamente positiva nos decía un viejo profesor de física, en otras palabras, que los momentos que pasan son imposibles de ser recuperados.
Una arista importante de la realidad personal es cómo somos. Un querido psicólogo -que me soportó estoicamente durante muchos años- me decía que era muy común que sus pacientes, ya mayores, se sorprendieran de lo bien que lucían en sus fotografías de juventud, y sin embargo recordaran que en aquellos momentos estuvieron muy desconformes con su aspecto; un ejemplo más para ilustrar cómo el ser humano aprecia en forma tardía lo que le fue otorgado.
Yo creo que una parte central del gozo de la vida está en la forma en que se acepta la realidad. Aceptar la realidad no es aceptarla a regañadientes, ni resignarse a ella, aceptarla es entenderla, aceptarla es valorarla, como se valora a quien se quiere.

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