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Mostrando entradas de junio, 2014

el trasplante

El eminente biólogo celular Bruce Kenton, agradecía el Nobel  con estas palabras: “… este estudio ha demostrado en forma concluyente que cada célula en si misma es un organismo completo, con memoria  y con conciencia ... .”  Lejos de Estocolmo, otro biólogo negociaba su último viaje. Los médicos de la Prisión Estatal de Nevada asentaron en el "Formulario 112" que el Dr. L. donaba sus órganos a cambio de una ejecución rápida, aunque esas no eran las verdaderas razones del científico, mucho más conocido por su forma de matar que por sus descubrimientos. Catorce horas después del deceso, el corazón del Dr. L. latía nuevamente. Mark supuso que esa sensación de fastidio hacia todos se debía al stress post quirúrgico, a la anestesia, a la sala de terapia intensiva iluminada día y noche, al ruido de los respiradores que jamás se detienen, a los malditos cables que le unían al monitor, a los dolores, y a todo aquello que puede atribuirse a las consecuencias de una operación lar...

hasta el último aliento

Conozco a Rodrigo desde hace más de cuarenta años. Cuarenta y tres, para ser preciso. Como sucede con los amigos de verdad, no importa el tiempo que pase, el último encuentro siempre fue ayer. Pero reconozco que dejé pasar mucho sin llamarlo. Cosas de estúpido. Hoy, que sé que no habrá otra vez, quisiera salir corriendo a darle un abrazo. Rodrigo explicó con esa tranquilidad tan suya que ya no había motivos para seguir , nos dijo su hermano el día anterior a su muerte. Los dolores eran muy fuertes, pero por sobre todo, ya le habían hecho todo lo que podían hacerle. Los últimos dos años habían sido muy difíciles, yo ya no recuerdo a cuántas operaciones fue sometido y cuántos ciclos de mortífera “quimio” tuvo que recibir. A último momento se descartó la radioterapia, menos mal. Finalmente no quiso internarse, prefirió terminar en su casa, entre los suyos. Sólo pidió que la muerte lo encuentre dormido. Rodrigo jamás contaba las “malas”, pero yo sabía que la estaba pasando mal realmente. C...

Secreto postal (última parte)

El juez dijo que si hubiese confesado la pena habría sido algo menor, pero no quise comprometer a la pobre chica. Bastante ya tendría con un hijo sin padre. "... este Honorable Tribunal lo sentencia a purgar veinticinco años en la colonia penal para delincuentes peligrosos de  la Isla de los Estados... ". El cielo gris hacía aún más tétrica la visión de la fortificación dónde pasaría mi próximo cuarto de siglo. Tal la costumbre, el Alcaide se presentó ante los nuevos reclusos. Durante unos quince minutos recitó las "normas de convivencia", luego se extendió sobre la función socializadora del Servicio Penal. Era un hombre alto de rostro indescifrable. Una adolescente lo acompañó durante todo el tiempo que duró su discurso. Incluso a la distancia se notaba que algo no estaba bien en ella. Se la notaba perdida, totalmente ajena al momento y al lugar dónde estaba su cuerpo. ¿Q ué le pasa a esa niña ? , pregunté en voz baja,  ¿a esa? no le pasa nada, debe estar imagina...

Secreto postal (2da. parte)

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Volví a revisar detenidamente las planillas dónde los carteros registran las novedades, y entre las entregas fallidas no figuraba la pieza destinada a la señorita  Elena Gómez. No quedaban dudas que Eduardo o alguien de su familia la había recibido, pero el tiempo transcurría y no había respuesta. Era hora de arreglar las cosas. La residencia del chico era muy distinta a lo que había imaginado. Era una casucha sucia y descuidada rodeada de matas y yuyos. En la única ventana de la vivienda, una chapa oxidada sustituía al vidrio que en mejores días debió dejar pasar la luz. ¡Qué hogar para un adolescente! No concibo a esos padres que traen hijos al mundo para hacerlos vivir una existencia de miseria y privaciones. ¿Qué tipo de cariño siente esa gente si ni siquiera se conduele por la suerte de sus hijos? Respuesta, ningún cariño, sólo miserables en un mundo miserable. El odio por Eduardo comenzó a transformarse en pena, una profunda pena por un ser condenado antes de nacer al f...

Secreto postal (1ra. parte)

Sé que rompí el secreto postal, pero a mi favor voy a decirles lo mismo que le dije al juez: "esa carta estaba abierta". Si en ese momento hubiese sabido lo que sucedería luego me hubiese limitado a cerrar el sobre y colocarlo en el bolso del cartero, pero no lo hice, como resulta obvio.  La carta no tendría más de diez líneas. En forma demasiado escueta para la importancia del contenido, una mujer le comunicaba a un tal Eduardo que llevaba "tres meses de embarazo" y le rogaba “ayuda para huir de allí”. Al principio pensé que se trataría de una mujer casada, pero por la forma de escribir y por la letra deduje que se trataba de una adolescente. Confirmé esta hipótesis cuando vi que la carta estaba dirigida a “Elena Gómez - Colegio Sagrada Unión - Tercer Curso”. Seguramente una amiga, eso evitaría que el envío despertara sospechas. Bien pensado. Si bien no figuraba remitente, el sello sobre la estampilla indicaba indubitablemente que la carta provenía de la colonia pe...