el trasplante


El eminente biólogo celular Bruce Kenton, agradecía el Nobel  con estas palabras: “…este estudio ha demostrado en forma concluyente que cada célula en si misma es un organismo completo, con memoria  y con conciencia....” 
Lejos de Estocolmo, otro biólogo negociaba su último viaje. Los médicos de la Prisión Estatal de Nevada asentaron en el "Formulario 112" que el Dr. L. donaba sus órganos a cambio de una ejecución rápida, aunque esas no eran las verdaderas razones del científico, mucho más conocido por su forma de matar que por sus descubrimientos.
Catorce horas después del deceso, el corazón del Dr. L. latía nuevamente.
Mark supuso que esa sensación de fastidio hacia todos se debía al stress post quirúrgico, a la anestesia, a la sala de terapia intensiva iluminada día y noche, al ruido de los respiradores que jamás se detienen, a los malditos cables que le unían al monitor, a los dolores, y a todo aquello que puede atribuirse a las consecuencias de una operación larga y difícil. Con el correr de los días el fastidio se fue convirtiendo en odio.
Llamó su atención el hecho que a pesar de la incomodidad era capaz de mantenerse calmado, y que no le costaba en absoluto fingir amabilidad hacia médicos y enfermeros. Antes de la operación su modo frontal le hubiese generado situaciones tensas, pero ahora podía controlarse con notable facilidad. Ahora Mark sentía la vida de otra manera.
Durante su larga convalecencia llegó a la conclusión que la organización de ese hospital era paupérrima , que el personal de enfermería desatendía sus tareas y que los médicos eran incompetentes por completo. Le exasperaba esa combinación de mediocridad y pereza sostenida por los impuestos de la comunidad, pero nada decía. No tenía caso enfadarse, ya tendría tiempo de poner las cosas en orden cuando estuviese completamente repuesto.
Una semana después que Mark obtuvo el alta médica, el diario de la ciudad tituló “Desastre en el Hospital Estatal - Bacteria letal exterminó a todo el personal de la Unidad de Trasplantes". La policía buscaba al responsable de la contaminación. Estaban desorientados, muerto el Dr. L., no encontraban sospechosos. Nadie pensó en Mark.


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