Entradas

Mostrando entradas de agosto, 2014

Reposición: "por todas aquellas chicas"

“ Por todas aquella chicas que fingieron un orgasmo para vernos felices ”, proponía Carlos a la hora del brindis. Otros brindan por la paz, por el amor, por volver a encontrarse, “por muchos años más”, pero él brindaba por ellas y yo hago mías sus palabras. Fingir un orgasmo es a lo que yo llamo solidaridad, que no me hablen de donar sangre. Fingir un orgasmo encierra un cariño profundo, mucho más si es bien fingido, con gritos y movimientos espasmódicos. Yo tuve una novia que estoy seguro fingía sus orgasmos, lo digo porque la escuché practicar en el jardín de la casa un día que llegué antes de la hora acordada. No me avergüenza admitirlo, si la mismísima Meg Ryan dio una muestra de lo que se puede hacer con un poco de imaginación en “Cuando Harry conoció a Sally”. Hay hombres que dicen que ninguna mujer tuvo la necesidad de fingir con ellos. Qué no me hagan reír que hoy perdió San Lorenzo.  Todas las mujeres fingen orgasmos, salvo la esposa de Motumbo.

Reposición: herencia

Ya me conocen, soy Andrea, la hija menor de Rick. Dicen que los hijos menores son los más mimados y en mi caso se verifica esa ley, un poco por mi simpatía innata pero más que nada porque mi hermana es insufrible. Yo también tengo mis taras, pero son de otro tipo, yo diría que son taras más normales, si cabe. En pocas palabras: no soy una histérica. Mi abuela, mi padre y yo tenemos ciertos trastornos que es imposible atribuirlos a las casualidades. Las leyes de Mendel han sido despiadadamente rigurosas con nosotros, es por eso que aseguro que todos mis males se deben al ADN que mi padre se ha dignado a transferirme sin mi consentimiento y que a su vez recibió de su madre. Por suerte no tengo su nariz, porque si así fuera lo hubiese demandado, aunque en honor a la verdad no salí del todo mal teniendo en cuenta la herencia. De pequeñas mi hermana y yo eramos bastante bonitas, al punto que un pediatra preguntó si habíamos sido adoptadas. Mis padres jamás volvieron a consultar a ese hombre...

cosas del destino

Ya era hora de terminar con esa relación absurda y peligrosa, estaba decidido. No iría a trabajar, prefería hablar desde la tranquilidad de su departamento de soltero. Se sentó sobre el  sillón desde donde podía verse un pequeña plaza llena de niños, madres y nanas. Su mente navegó hasta el primer día. Si hubiera sabido quién era verdaderamente esa mujer jamás se hubiera acercado, pero justo ese día se había podido escabullir del trío de gorilas que la custodiaban a sol y a sombra... cosas del destino. Una tarde preciosa, un café, unos besos y a la cama de un hotel barato. Fue debut y despedida, porque jamás volvió a verla. Un día el teléfono sonó y era ella. Jamás le preguntó cómo pudo encontrarlo, pero ni falta hacía. Al principio pensó que la había dejado embarazada, pero no. "No te preocupes, si hubiese estado embarazada los dos ya estaríamos muertos". Curiosa manera de tranquilizarlo. Ella lo llamaba cada día. Quería que la ayude a escapar. "Ni ebrio ni dormido...

un día cualquiera

Como cada día, mis ojos se abrieron innecesariamente temprano. Despertarme a horas inverosímiles era un resabio de la época en que madrugaba para subirme al caminador elíptico antes de ir a trabajar. No sé de dónde sacaba las ganas. Una mirada en el espejo del baño sirvió para confirmar que recién levantado, ese día también mostraba el aspecto calamitoso de siempre, aunque paradójicamente algo atenuado por la barba, al menos a mi gusto. Sí, no tengo vergüenza en admitir que me gusta como me queda la barba, supongo que debe ser porque me tapa parte de la cara, o no sé, pero me gusta. “Te hace más viejo” me dijeron cuando dejé de afeitarme diariamente, pero ahora ya nadie insiste con eso. Necesitaba un café y necesitaba mi música. Un buen día comenzó a gustarme el jazz melódico y esa especie de amor jamás me abandonó. En aquellos años me proveí de cientos temas desde el Apple Store, tantos que nunca tuve la necesidad de volver a comprar. El sonido del saxo unido al del piano evocan en mí...