cosas del destino
Ya era hora de terminar con esa relación absurda y peligrosa, estaba decidido. No iría a trabajar, prefería hablar desde la tranquilidad de su departamento de soltero. Se sentó sobre el sillón desde donde podía verse un pequeña plaza llena de niños, madres y nanas. Su mente navegó hasta el primer día. Si hubiera sabido quién era verdaderamente esa mujer jamás se hubiera acercado, pero justo ese día se había podido escabullir del trío de gorilas que la custodiaban a sol y a sombra... cosas del destino.
Una tarde preciosa, un café, unos besos y a la cama de un hotel barato. Fue debut y despedida, porque jamás volvió a verla. Un día el teléfono sonó y era ella. Jamás le preguntó cómo pudo encontrarlo, pero ni falta hacía. Al principio pensó que la había dejado embarazada, pero no. "No te preocupes, si hubiese estado embarazada los dos ya estaríamos muertos". Curiosa manera de tranquilizarlo. Ella lo llamaba cada día. Quería que la ayude a escapar. "Ni ebrio ni dormido" como dijo Mariano Moreno. Habría que estar loco para robarle la mujer a un mafioso y él de loco no tenía nada. Hablaban horas de cualquier cosa. Por la manera que resonaban las palabras la mujer debía llamarlo de una habitación muy grande. Ella hablaba tranquila pero él temía que la descubran. Temía por ella, pero sobre todo temía por él. Con esa gente no se juega. "Esperá, me parece que alguien viene". La mujer alcanzó a pronunciar el nombre del marido. Del otro lado de la línea Roberto escuchó con claridad el disparo y un segundo después el ruido sordo del cuerpo contra el piso. Instintivamente cortó la comunicación. Cuando se dio vuelta vio a un tipo bien vestido parado detrás suyo.
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