Reposición: herencia
Dicen que los hijos menores son los más mimados y en mi caso se verifica esa ley, un poco por mi simpatía innata pero más que nada porque mi hermana es insufrible. Yo también tengo mis taras, pero son de otro tipo, yo diría que son taras más normales, si cabe. En pocas palabras: no soy una histérica.
Ya me conocen, soy Andrea, la hija menor de Rick.
Mi abuela, mi padre y yo tenemos ciertos trastornos que es imposible atribuirlos a las casualidades. Las leyes de Mendel han sido despiadadamente rigurosas con nosotros, es por eso que aseguro que todos mis males se deben al ADN que mi padre se ha dignado a transferirme sin mi consentimiento y que a su vez recibió de su madre. Por suerte no tengo su nariz, porque si así fuera lo hubiese demandado, aunque en honor a la verdad no salí del todo mal teniendo en cuenta la herencia. De pequeñas mi hermana y yo eramos bastante bonitas, al punto que un pediatra preguntó si habíamos sido adoptadas. Mis padres jamás volvieron a consultar a ese hombre.
Al igual que a mi padre me gusta jugar al tenis y, al igual que él, malgasto dinero en profesores. Mi única satisfacción es ganarle con facilidad y hacer que pague el alquiler de la cancha, pero convengamos que sólo se trata de un resarcimiento insignificante frente al daño infringido. Cuando era pequeña pasábamos horas frente al frontón dale que te dale con la pelotita y la raqueta. En esa misma época Frank Williams entrenaba a sus hijas. Si esas chicas hubiesen sido hijas de mi padre hoy serían meseras. Por suerte para ella, mi hermana nunca se dejó engatusar por las ficciones de mi padre. Ella no será muy lúcida pero es innegable que tiene un sexto sentido para detectar estupideces.
Siempre me ha gustado la música. Hace unos años convencí a mi padre que me compre un saxo. Tomé algunas clases y toque en una navidad. Todos me felicitaron pero ninguno adivinó el tema que había interpretado y eso que era el Himno Nacional. Esa experiencia me dejó sumamente deprimida y dejé el saxo en su estuche hasta que estos ignorantes mejoren su oído. De niño mi padre intentó con la guitarra. Por lo que pude averiguar la música tampoco era lo suyo. Al menos yo bailo aceptablemente bien, no como él que en otra vida debió ser momificado y aún no ha superado ese karma.
Mi infancia no ha sido fácil a pesar de haber sido una niña aplicada y responsable. Me han cargado de difíciles tareas tales como prender y apagar la luz. ¡Habiendo tanta gente en casa yo debía hacerlo! Andrea, apaga la luz. Andrea, prende la luz. ¿Por qué yo, mi Dios? ¿Qué mal hice en esta vida? ¡Aprovechadores! ¡Negreros! Pero como no hay mal que por bien no venga, esa niñez de obligaciones ha forjado en mí una voluntad de hierro, y hoy puedo decir con orgullo que no hago nada en casa. En realidad sí que hago, ayudo en la planificación familiar, indico qué quiero cenar, cómo quiero que mi ropa sea planchada y otras colaboraciones semejantes.
Mi hermana salió a mi madre. Tampoco puede decirse que se sacó la lotería. Pero, Dios me perdone, yo la veo peor que a ella. Es porque la especie no siempre evoluciona, digo más, mi hermana es un típico caso de involución. Afortunadamente yo superé a Rick, aunque todos dirán que el listón no estaba demasiado alto. Bueno, puede ser...
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