Con las mejores intenciones
El desafío es transmitir un único mensaje, sólo uno. Transmitir más es posible, pero sólo generaría confusión. No es cuestión de vida o muerte, pero es imprescindible que el mensaje sea preciso, no, lo imprescindible es que sea significativo. Puede que le cambie la vida a quien lo recibe, puede que no. Depende de lo que se diga y cómo se diga, pero lo básico es que el receptor pueda entender su importancia trascendental.
El primer paso es decidir qué debe contener ese mensaje. Hay muchas cosas importantes y es difícil decidir entre ellas. Se debe seleccionar cuidadosamente hasta que sólo quede una, la fundamental, la que puede mejorar una vida... cualquier vida.
Pensaba en las comunicaciones que durante muchos años se enviaron al espacio en el intento de contactar vida extra terrestre; el mensaje de Arecibo era complejo, pero tenía todo lo necesario. Si era recibido por alguna forma de vida inteligente tenía altas probabilidades de ser descifrado. Era la carta de presentación de la humanidad, nada menos. Mil seiscientos setenta y nueve bits formaban ese mensaje; demasiado complejo, el mío debe ser mucho más simple y sobre todo mucho más claro.
Me desanima que los mandamientos hayan sido diez, porque hasta el propio Dios necesitó explayarse. Intentar ser más sintético que el Creador es casi blasfemo.
Tengo a favor varios miles de años de sabios que han dedicado sus vidas a intentar entender, y de otros, no tan sabios, que tuvieron algún rapto de lucidez divina. Ellos han dejado pensamientos que sintetizan con belleza y genialidad aristas de la gran sabiduría.
Podría comenzar intentando enumerar qué hubiese necesitado saber yo unos años antes, qué información me hubiese ayudado a ser más feliz o a ser mejor persona, que es exactamente lo mismo. Eso es, comenzaré haciendo un listado de todo lo que considero importante, luego, alguien me ayudará a elegir.
- La predisposición a ser feliz, como condición indispensable de la felicidad. Para ello nada mejor que John Locke, “Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias”
- El amor hacia los demás y hacia uno. San Mateo lo resumió así: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, yo agrego, igual que a ti mismo, no menos que a ti mismo, pero tampoco más que a ti mismo.
“ … el gran sabio y erudito Hilel resumió toda la Torá en una célebre frase: “No hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti”, y explicó que esa es toda la Torá, lo demás son sólo explicaciones.”
El primer beneficiado por una buena acción es quien la realiza (un modesto aporte personal)
- “El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”, un pensamiento budista que intenta mostrarnos que somos los únicos responsables de nuestros sufrimientos.
- “Conócete a ti mismo” “el verdadero significado de la frase conlleva inevitablemente a verse uno mismo como ser humano ante la verdad, que es lo que es, y por lo tanto descubrir nuestras miserias, en como nos engañamos y mentimos para alimentar nuestro sufrimiento interno”. (wikipedia)
Yo agregaría que cada uno lleva en su interior la respuesta propia (y por lo tanto la única respuesta válida) a las preguntas trascendentales; conocer esas respuestas únicas evitará mucho dolor innecesario.
Está visto que la lista es larga y quedan aún infinidad de verdades esperando ser incorporadas. No será posible elegir un único consejo; no hay nada que por sí mismo marque el camino correcto. Sería la tarea de un alquimista genial sintetizar en unas pocas palabras el QUÉ y el CÓMO universal. Pero es imposible, tan imposible y lejano como la mítica piedra filosofal. Se aprende equivocándose, amando y sufriendo, siendo feliz por momentos, en definitiva viviendo.
Digamos que este fue un intento, vano y presuntuoso, pero realizado con las mejores intenciones.
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NdelT: esta vez el autor no fue breve, ni tampoco dejó pasar un tiempro prudencial desde su ultima entrada. Parece que no puede controlar la incontinencia literaria.

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