La vida es una herida absurda ¿o no?


Decía Alan Watts: "Según todas las apariencias externas, la vida es una chispa luminosa entre dos oscuridades eternas. Tampoco el intervalo entre esas dos noches es un día sin nubarrones, pues cuanto más capaces somos de experimentar placer, tanto más vulnerables somos al dolor y, ya sea en segundo término o en primer plano, el dolor siempre nos acompaña. Nos hemos convencido que la existencia vale la pena por la creencia que hay algo más que las apariencias externas, que vivimos para un futuro más allá de la vida presente, puesto que el aspecto exterior no parece tener sentido. Si vivir es acabar con dolor, falta de integridad y regreso a la nada, parece una experiencia cruel y fútil para unos seres que han nacido con la capacidad de razonar, abrigar esperanzas, crear y amar. El hombre, ser juicioso, quiere que su vida tenga sentido, y le cuesta trabajo creer que lo tiene a menos que exista un orden eterno y una vida eterna tras la experiencia incierta y momentánea de la vida mortal"


No es ocioso plantearse cuál es el sentido de la vida, en otras palabras, ¿para qué vivimos? Estoy seguro que no lo es, estoy seguro que es una cuestión central porque determinará los caminos que elegiremos transitar. Pero claro, nadie sabe a ciencia cierta cuál es el objetivo de este tránsito (al menos) difícil. Es más, creo que hay  quienes jamás se lo han preguntado, pero los que alguna vez nos hemos interrogado al respecto, ciertamente tendremos una hipótesis. Aunque, estoy convencido que incluso, los que nunca formalizaron el interrogante también tienen su propia hipótesis, sólo que no lo saben. Aseguro esto porque no es posible vivir sin saber hacia dónde dirigirse.

Mientras se es joven y se visualiza a la muerte como un evento lejano, la idea de trascendencia puede tener, en el mejor de los casos, alguna importancia teórica. Cuando han pasado los años, o bien por alguna circunstancia particular se avizora el fin como cercano, la duda de "¿cómo sigue esta película?" pasa a tener la mayor relevancia.

La relación entre el "sentido de la vida" y "qué sucede después de la muerte" son temas íntimamente relacionados tal cual lo expresa el párrafo transcripto del Watts.

No obstante lo dicho, como por ahora no veo a la parca demasiado cercana,  mi hipótesis del sentido de la vida, no se enlaza con la idea de trascendencia, por lo que, independientemente que mi actuación termine en forma definitiva cuando cierre los ojos por última vez, mi creencia particular es que el objeto de la vida es vivir con felicidad.
Por otra parte, como la única forma que entiendo la felicidad es como sinónimo de paz de espíritu y, como además entiendo que esa paz se consigue únicamente obrando con corrección y amor, la felicidad a la que me refiero es la consecuencia de vivir de una manera correcta y amorosa. Es decir, la creencia del objeto de la vida determina a su vez la elección de la manera de vivir.

Respecto a la trascendencia, por alguna razón que ni yo mismo puedo explicarme, siento como plausible la idea (¿budista?) de sucesivas reencarnaciones, que se sucederían hasta haber llegado a un adecuado nivel de aprendizaje. Como decía, instintivamente concuerdo con esa idea, que justifica de alguna manera tantos momentos asiagos porque, de ser ésta la única vez en que saldremos a escena, concordaría con quien escribió que "la vida es una herida absurda".




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