NO DEBO
No debo postear todos los días
No debo postear todos los días
No debo postear todos los días
No debo postear todos los días
No debo postear todos los días
No debo postear todos los días
No debo postear todos los días
No debo postear todos los días
No encuentro una razón válida para hacerlo, porque la imaginación no es prolífica, porque las angustias más grandes ya fueron compartidas y sobre todo porque los amigos no merecen ni el chantaje ni el engaño. Ello no se merecen eso.
Deberé mantener bajo control la necesidad del contacto y deberé sopesar el interés que pueden despertar posteos como éste, que son más que nada una disculpa y una explicación. Nunca me gustaron las publicaciones que nada dicen y como muchas veces me pasa, termino haciendo lo que critico.
La interacción es adictiva, tremendamente adictiva. Los escritores verdaderos publicaban un libro y pasado el primer momento de presentaciones y comentarios en diarios y revistas, sólo podían inferir el éxito a través del resultado de las ventas. Hoy la informática brinda al instante una cantidad enorme de datos y estadísticas, los comentarios se reciben y se responden en línea, las herramientas de información escupen buenas y malas nuevas segundo a segundo.
El equilibrio es difícil y para peor, los fantasmas no cejan en su intento de convencerme sobre la conveniencia de la presencia permanente, aún cuando el precio sea empeorar la ya empobrecida calidad. Van a olvidarte, repiten una y otra vez. Ellos saben pegar dónde más duele. Contraataco diciéndoles que una publicación es aceptable solamente cuando responde a una necesidad legítima, cuando hay al menos algo que compartir, y que no lo es cuando el objetivo es la mera exposición.
El equilibrio es difícil y para peor, los fantasmas no cejan en su intento de convencerme sobre la conveniencia de la presencia permanente, aún cuando el precio sea empeorar la ya empobrecida calidad. Van a olvidarte, repiten una y otra vez. Ellos saben pegar dónde más duele. Contraataco diciéndoles que una publicación es aceptable solamente cuando responde a una necesidad legítima, cuando hay al menos algo que compartir, y que no lo es cuando el objetivo es la mera exposición.
Hoy volvieron a ganarme, he sucumbido una vez más al canto de la sirena, pero esta será la última, repito sin mucho convencimiento.

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