Palabras más, palabras menos…
Hace unos meses dediqué una entrada a disculparme por no haber transmitido claramente unas ideas. Si bien el posteo distaba mucho de haber sido claro, esa disculpa no tenía sentido.
No descubro nada nuevo si escribo que la comunicación es siempre difícil o, mejor dicho, que es muy difícil transmitir lo que se piensa; ni que hablar si lo que se pretende transmitir es lo que se siente.
Una idea cualquiera experimenta una primer deformación cuando es transformada en palabras, es decir, lo que se transmite, en general, no resulta ser exactamente igual a lo que se pensó, porque, entre otras cosas, no siempre hay una palabra que se ajuste con total exactitud a una realidad. Antes que sea verbalizada la idea original ya ha cambiado; es cierto que, a los efectos prácticos, la mayor parte de las veces no es necesario ser demasiado exacto, pero hay ocaciones en que la precisión es importante.
Complica aún más a la claridad, el hecho que una misma palabra tiene distinto significado para distintas personas, porque más allá de la definición de diccionario, un mismo hecho tiene distinta calificación según quien lo observe. A un determinado suceso, alguien podría llamarlo “desgracia”, otro “tragedia”, otro “desastre”, otro "fatalidad" y no sólo es que eligieron diferentes palabras, sino que lo ven distinto. Para este ejemplo: alguien podría emplear "tragedia" solamente si hay muertes y otro si pierde su equipo de fútbol.
Quien recibe/escucha/lee, interpreta lo que recibe de acuerdo a su filtro personal, es decir, decodifica el mensaje con su propia tabla de códigos que, en la inmensa mayoría de los casos es distinta a la que fue utilizada para codificar el mensaje. Por esa razón podemos convenir que es difícil esperar que un mensaje que fue codificado con el código “A” (del emisor) y decodificado con el código “B” (del receptor) mantenga su significado.
No solamente las tablas de códigos del emisor y del receptor no son las mismas, sino que las palabras contenidas en ellas no son puras, porque llevan incorporadas todas las vivencias del sujeto que construyó la tabla, por lo que, un mismo mensaje puede resultar agradable para uno, neutro para otro y ofensivo para algún otro, independientemente de lo aséptico que haya pretendido ser.
Todos los “autores” (por llamarnos de alguna manera) de blogs, experimentamos esta forma de “incomunicación” día a día. Aplicándolo a los comentarios recibidos, según mi experiencia (e interpretación) personal, hay personas que comentan una entrada párrafo por párrafo, otros que respetan el tema (el título) y escriben su propio ensayo y otros que comentan algo que no tiene nada que ver con la propuesta. Por otra parte hay quienes comentan como observadores y hay quiene comentan como involucrados.
Una misma idea no sólo genera como es de esperarse adhesiones, rechazos o indiferencia, sino que pone de manifiesto una diversidad de formas de lectura.
Volviendo al principio, considero que fue erróneo haber responsabilizado únicamente a la “claridad del texto”. La variedad de comentarios recibidos a raiz de cierto mensaje está fuertemente influenciado por una cantidad de elementos inherentes al sujeto que emite y a los sujetos que interpretan.
¿Habré sido claro esta vez?
IMPOSIBLE

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