el francotirador






 





Inauguro con este nombre, una modalidad de posteo con finalidad abiertamente crítica, la  cual no creo que sirva para incorporar amigos (diría que casi lo contrario), pero que siento como necesaria por razones de sinceridad y catarsis.

En la entrada anterior confesé que considero mucho más honestos a los blogs de poesías, a los de cuentos y a los auto biográficos,  en comparación con los blogs pseudo filosóficos como éste pretende ser. Hago esta síntesis para aquellos amigos que no hayan leido el post anterior y para aquellos otros que lo han leido, y naturalmente lo han olvidado.

Esas consideraciones sobre la honestidad intelectual de ninguna manera son sinónimo de aprobación (al menos de mi aprobación, por otro lado totalmente innecesaria) respecto a ciertos blogs dedicados a ensalzar a su autor y/o a sus relaciones. 
Yo me pregunto cuál es la necesidad que la señora A comunique a la blogosfera que el señor B está perdidamente enamorado de ella y que ese amor es el más grande que se ha conocido hasta el momento y que los orgasmos de la señora A, producidos por las habilidades amatorias del señor B, son los más intensos que la ciencia haya registrado jamás y además, que al señor B y a la señora A no les importa en lo más mínimo lo que opinen quienes no compartan sus ideas. 
Yo critico esto porque creo que una cosa es hablar con cierto nivel de abstracción de sentimientos reales, y otra muy distinta es describir con pelos y señales todas las alternativas de una relación sólo imaginariamente profunda.

Yo creo que el amor (como el dolor) necesita ser expresado, y cuando ello ocurre, disfruto de los textos que hablan de amor verdadero. Lo que no disfruto, o sin eufemismos, rechazo de plano, son las manifestaciones que son "dibujadas" como amorosas pero que nada tienen de amor. Se pretenden amorosas relaciones que no son más que meros acuerdos sexuales o bien "histeriqueos" de poca monta. Todos sabemos que existe un punto en el que toda relación con carencias o inexistencia de amor deja de satisfacer, y a partir de ese punto, algunas personas prueban con subplantar el déficit amoroso por la difusión de un relato romántico que nada tiene que ver con la realidad. Lógicamente, cada uno es dueño y señor de engañarse como quiere, y montarse la ficción que mejor le venga en ganas, pero difundir el engaño es realmente una desconsideración.

Pero en realidad, lo que más llama mi atención es observar los comentarios de lectores, en general personas razonables y centradas, que terminan enredándose en un relato quasi fantástico. Siento que ellos son  burlados en su buena fe, o bien que continúan escribiendo por alguna razón vinculada a la reciprocidad o bien a la compasión. En este punto también puedo hablar en primera persona, pero creo que he corregido el error.




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