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el gran Fabio












Fabio no pudo haber nacido en otro país. Aunque hubiese nacido en África cualquier juez lo declararía argentino sin dudar. Es un chanta hecho y derecho que ha sabido explotar la mística de los invasores, los platos voladores, las teorías sobre el fin del mundo y todo aquello que tiene que ver con lo extraterrestre y oculto. Sostengo que si los Mayas no hubiesen aparecido con la teoría del 21-12, Fabio lo hubiese hecho mucho mejor, porque le hubiese dado un tinte más cinematográfico y mucho más creíble. El caballero tiene opinión formada de cuanta cosa rara existe y hasta sus más grandes detractores le reconocen una increíble coherencia.  Si de mí dependiera lo nombraría ministro  y le asignaría unos buenos pesos para que desarrolle sus teorías, que sin duda son más sanas que las de los ministros reales, y sobre todo, bastante menos disparatadas.

La confesión que estoy a punto de realizar, y que mantuve oculta por casi un lustro, tiene mucho que ver con los trabajos de Fabio.

Había terminado una terrible discusión con María, la mujer de la que les hablé días atrás, y estaba dispuesto a terminar con mi vida. Abatido y furioso decidí abandonar este mundo sobre mi querido y fiel DeLorean. Me dirigiría hacia una vetusta estructura de hierro que alguna vez fue un puente y hoy es un medio puente ,y desde ahí en picada hacia el riacho que mansamente fluye ciento cincuenta metros debajo.
En un abrir y cerrar de ojos vería a mis congéneres desde la diestra de Nuestro Señor, mientras juntos nos compadeceríamos por los padecimientos humanos y criticaríamos a María (a mi María, obviamente).

Arranqué la máquina, y calculé que a un promedio de 97 mph, en exactamente diecisiete minutos todos mis problemas habrían terminado.
 
Avanzaba con rapidez sobre la carretera solitaria, cuando de pronto el auto para en seco y un extraño ser de forma humanoide aparece de pie junto a la puerta del DeLorean. De forma inexplicable, pasado un segundo estaba sentado junto a mí. Como es de imaginarse yo no entendía nada, y sin embargo me mantenía llamativamente calmado.

Repasemos la situación, el despertador arruina una nueva conquista onírica, María me obliga a abandonar la cama como si yo fuera bombero en vez de oficinista, desayuno de parado mientras leo con atención el horóscopo, y con la tranquilidad de espíritu que me brinda el conocimiento de mi futuro emprendo la caminata hacia el metro; ya sobre el andén noto que había olvidado mis gafas para leer, maldiciendo regreso a casa, encuentro a María cabalgando sobre un joven que parecía estrella porno; no voy a decir por qué. Ella gemía y fumaba. Al verme entrar tiró el cigarrillo, le pedí mil veces que no fume dentro. ¿Qué significa esto? El joven ensayó una explicación. Con Ud. no quiero hablar. María, dejá de moverte mientras te hablo. Pegué un portazo y salí. Desde fuera se sentían los gritos de placer. El suicidio era la única salida digna. Subí al auto, tomé la ruta abandonada hacia el puente derruido, el auto se detiene, los equipos electrónicos dejan de funcionar (bueno, la radio). Aparece un payaso verde junto a la puerta. Continúo desde dónde dejé (el tipo raro sentado como copiloto).

El humanoide emitió un sonido espantoso; en forma mecánica respondí, buen día, ¿problemas joven?, me llamó joven por lo que confirmé que se trataba de un extraterrestre. Tengo problemas, cómo todos ¿qué puedo decirle?, no me diga nada yo sé todo, un sabiondo, pensé, pero no dije nada, no me hago el sabiondo, leo la mente.

Conversamos largamente sobre los sucesos del día, sobre mi vida, mis miedos, la campaña del Barça, la insoportable levedad del ser. El verde resultó ser un tipo afable y comprensivo, un buen conversador y lo que podría llamarse un gran contenedor. Con el correr de las horas él también se fue sincerando, su jefe era un psicópata y su esposa lo tenía cansado, la amante  tenía un atraso de 5 meses (en su planeta los embarazos duran unos siete años terrestres) y lo quería demandar, uno de los hijos había entrado en lo que aquí sería una academia de modelos y el otro se había ido del planeta. Salió a dar una vuelta para despejarse y la nave se le vino a romper justo en la Tierra. La vida es difícil en todos lados.

Nos miramos fijamente. Ok, dale sin miedo, no hizo falta decir más.  La radio recobró la vida y el motor volvió a rugir. 
A 97 mph, nos dirigimos hacia el medio puente.









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