la reunión de los jueves
La reunión de los jueves se hizo costumbre a partir de aquel nefasto día –jueves justamente- en que María me dejó por otro. Guillermo me encontró llorando en la calle y me llevó a las patadas hasta el bar; intentó darme ánimo pero yo estaba tan alienado que no entendía razones y él tampoco es el licenciado Rolón (1), así que se vio en la necesidad de llamar a los otros de la barra para ponerme en vereda. Realizó la convocatoria a través de un teléfono público porque en esa época los celulares eran sólo para los ricos y porque, por suerte, a los teléfonos públicos todavía no se los habían afanado. Asistieron todos porque hablar de minas convoca, para mejor, en aquella época se podía fumar en cualquier lado y no hay placer comparable a fumar con los amigoteshablando de mujeres.
Yo lloraba a moco tendido por esa guachaque no me merecía. Se merecía algo mejor… decía ella, pero mi viejapensaba distinto.
La turra estaba muy fuerte. Tenía como cien -centímetros- de gomas y el resto estaba bien proporcionado. Se vestía como una pendejay eso que ya había dejado de ir al pediatra hacía como veinte años, pero a mí me encantaba, será porque siempre me gustaron las mujeres con pinta de putas; “cuestión de personalidad” me dijo una gitana que fui a consultar por el tema de la quetejedi(2). Me aseguró que en menos de un mes volvería con la cola entre las patas y me cobró $ 100, una verdadera fortuna en esos años. Antes del mes, María se había casado con el primo del tipo por el cual me dejó y residía en Miami. Esa gitana no es para recomendar.
En la reunión de los jueves se tratan los tópicos más variados: fútbol -fundamental-, economía local y mundial, mujeres, demografía, temas de actualidad, matemática, sexo, inclusive implementamos un consultorio sentimental del cual me encargo con exclusividad, aunque también se prodigan consejos y recomendaciones de casi todos los temas. Sólo evitamos hablar de religión y de política porque es para quilombo. Tampoco podemos decir que somos eclécticos, en la última reunión nos trenzamos por el peso de Luis Miguel.
Ya no se permite fumar en lugares públicos, pero aún el alcohol no está prohibido y compensamos por ese lado.
En lo mejor de la última discusión aparece María. Como le estaba dando la espalda a la puerta no advertí su entrada, sin embargo supe que algo raro estaba pasando porque los muchachos dejaron de hablar. Cuando me di vuelta la vi. Si no hubiese estado sentado me caía de culo. Diosa, diosa, diosa; los años no habían pasado para ella, pilchas importadas, el pelo recontra arreglado, bien maquillada, las lolas impresionantes - después me enteré que en Huston se cambió los implantes por unos todavía más grandes- , esos ojazos que sólo les falta hablar, esa boca de …, en fin, el bombonazo de siempre. Como hombre de mundo que soy, enseguida recobré la compostura y me limité a mirarla de reojo levantando sólo una ceja; le había copiado esa mirada a Roger Moore y con el tiempo llegué a perfeccionarla. La mina acusó el impacto y se acercó con andar felino. El tipo se mantuvo incólume y apenas dejó escapar un “hola nena” al mejor estilo de Humphrey. “Quería hablarte”, soltó; “Ahora no puedo cielo, estoy ocupado”, respondí con indiferencia y volví a sentarme derecho. “¿En qué estábamos, señores...?"
Dicen que salió del bar hecha una furia.
“La venganza es un plato que se come frío”, dije como para darle un corte definitivo al tema.
En la reunión de los jueves se tratan los tópicos más variados: fútbol -fundamental-, economía local y mundial, mujeres, demografía, temas de actualidad, matemática, sexo, inclusive implementamos un consultorio sentimental del cual me encargo con exclusividad, aunque también se prodigan consejos y recomendaciones de casi todos los temas. Sólo evitamos hablar de religión y de política porque es para quilombo. Tampoco podemos decir que somos eclécticos, en la última reunión nos trenzamos por el peso de Luis Miguel.
Ya no se permite fumar en lugares públicos, pero aún el alcohol no está prohibido y compensamos por ese lado.
En lo mejor de la última discusión aparece María. Como le estaba dando la espalda a la puerta no advertí su entrada, sin embargo supe que algo raro estaba pasando porque los muchachos dejaron de hablar. Cuando me di vuelta la vi. Si no hubiese estado sentado me caía de culo. Diosa, diosa, diosa; los años no habían pasado para ella, pilchas importadas, el pelo recontra arreglado, bien maquillada, las lolas impresionantes - después me enteré que en Huston se cambió los implantes por unos todavía más grandes- , esos ojazos que sólo les falta hablar, esa boca de …, en fin, el bombonazo de siempre. Como hombre de mundo que soy, enseguida recobré la compostura y me limité a mirarla de reojo levantando sólo una ceja; le había copiado esa mirada a Roger Moore y con el tiempo llegué a perfeccionarla. La mina acusó el impacto y se acercó con andar felino. El tipo se mantuvo incólume y apenas dejó escapar un “hola nena” al mejor estilo de Humphrey. “Quería hablarte”, soltó; “Ahora no puedo cielo, estoy ocupado”, respondí con indiferencia y volví a sentarme derecho. “¿En qué estábamos, señores...?"
Dicen que salió del bar hecha una furia.
“La venganza es un plato que se come frío”, dije como para darle un corte definitivo al tema.
La gente aplaudía de pié.
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(1) Un reconocido psicólogo, en una tierra de psicólogos; 40.000.000 de psicólogos, record Guinness.
(2) la quetejedi = la que te dije
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