la última vez
El último posteo del autor de "Un Simple Blog" (www.unsimpleblog.com) me ha "inspirado" a escribir estas líneas. Si les resultan incongruentes y/o aburridas, saben a quien reclamar.
No siempre la última vez debe ser necesariamente trágica, aunque de alguna manera todas la últimas veces tienen algo de tragedia. Hasta las últimas veces que debieran ser felices tienen un sabor agridulce. Mientras estrechamos la mano del último examinador tomamos consciencia inmediata que acaba de terminar una etapa especial (tan especial como todas las otras); al poco tiempo se añoran esos años dónde las responsabilidades no eran tantas y los sueños eran muchos. ¿Dónde habrá ido a parar ese compañero de largas noches de números y esquivos algoritmos? ¿Y dónde estará el mozo de aquel bar que fue una vez un apéndice del hogar? ¿Seguira vivo?, ya era un hombre mayor hace treinta años y nunca me despedí de él, y hasta el día de hoy nunca volví a recordarlo. ¿Por qué no le dí un abrazo si era un hombre digno de ser abrazado? Es que no pensé que ese día, del que ya tampoco me acuerdo, era la última vez que lo vería. Del mismo modo, muchas ultimas veces suceden sin dejar registro, la última vez que confiamos en esa persona, o que esa persona confió en nosotros.
El último beso a un ser querido será siempre recordado, pero muy seguramente en el momento no fuimos conscientes que era el último. No recuerdo la razón, pero sí recuerdo que no saludé a mi abuela y al otro día ya no pudo responderme.
Muchas últimas veces acontecen con personas que seguimos viendo y esas son las más dolorosas, será por eso que no tomamos consciencia y seguimos adelante.
¿Cuál habrá sido la última vez tuve ganas de jugar un partido de fútbol? ¿Y la última vez que tuve unas ganas locas de ir a bailar? También hay última vez para las ganas. Una verdadera lástima, porque las ganas hablan del gusto por vivir.
El cuerpo también tiene últimas veces. ¿Cuándo habrá sido la última vez que corrí los cien metros sin sentirme morir? Últimamente ya no me gusta correr.
Y así, sin darnos cuenta, van sucediendo últimas veces, más frecuentemente cuanto más mayores vamos siendo.
La últimas veces son inevitables, por eso debiéramos disfrutar hasta que ellas lleguen, inexorables.

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