se nos viene la noche
Hay un enorme consenso sobre la idea que “todo lo que el hombre hace es para levantarse minas ”. Soy uno más de los millones que suscriben esa hipótesis, avalada por tantos ejemplos que ya debería habérsele conferido status de verdad. Cuesta creer cómo a esta altura del campeonato todavía hay gente que lo pone en dudas. Lo que sí puedo asegurar es que ser autor de blog NO aporta a la causa. Alguien podría decirme que los bloggeros talentosos son más ganadores pero yo lo desmiento enfáticamente. Repito ser autor de blog NO aporta a la causa.
Hace muchos años tuve un blog llamado “se nos viene la noche - blog de opiniones ”, que comenzó siendo un espacio de recopilación de dichos porteños y que por el azar de las circunstancias devino en un blog de citas. Llegó a tener casi nueve mil seguidores y su fama traspasó las fronteras. Como entendí que estaba cumpliendo una función social, jamás recibí un peso por mi trabajo, inclusive rechacé el sponsoreo de varias firmas de renombre dedicadas a actividades afines al rubro. Conozco demasiado bien como pueden llegar a condicionar los auspiciantes y no quise resignar la línea de trabajo que había pergeñado. Tanta era la afluencia de visitas y la cantidad de comentarios que tuve que dejar el trabajo. Podrán imaginarse los problemas que me trajo en el ámbito familiar; muchas veces estuve a un tris del divorcio pero, les digo la verdad, no me importaba.
No tengo una estadística confiable pero calculo a ojo que llegaron a formarse más de mil trescientas parejas; algunas llegaron a invitarme a la fiesta de casamiento y otras me ofrecieron salir de padrino. Jamás acepté y nunca mandé regalos.
Desinteresadamente he brindado muchos consejos, y más de un matrimonio sigue adelante gracias a mis sugerencias. Hay por ahí mucho seguidor agradecido y también hay gente que quedó muy caliente, al punto que fui amenazado de muerte en cinco oportunidades.
Yendo a la cuestión de fondo, les decía que fui un bloggero famoso, modestia aparte, y la fama atrae. Había colocado en la columna derecha del blog una foto en la que lucía una bata de terciopelo bordó; créanme si les digo que esa foto causó furor, no obstante jamás recibí propuesta alguna, supongo porque en el perfil dejé bien aclarado mi condición civil y mi enérgica condena a la infidelidad conyugal. Este blog no es guarida de tramposos, escribí en varios lugares. En rigor de verdad sí recibí una propuesta. Una fiel seguidora apodada, digamos Lulú (perdonen pero mantendré su verdadero nick en reserva), ganó mi confianza, simpatía y solidaridad. Me hice seguidor de su blog, que estaba dedicado a la promoción de cremas de uso íntimo, en el cual había colgadounas fotos, supuestamente propias, donde se mostraba sensual y voluptuosa.
Intercambiamos infinidad de mails y al fin acepté un encuentro real.
Cuando concurrí a conocerla Lulú era en realidad Roberto. Fue tal la indignación que casi nos fuimos a la manos; por suerte entre un policía y el dueño del bar lograron separarnos, aclaro esto porque este tipo de peleas suelen terminar con algún muerto.
Sin despedirme de nadie di de baja al blog y entré en un estado depresión del cual recién ahora estoy saliendo.
Aún no conseguí trabajo, pero eso sí, hay algo que aprendí: ser autor de blog NO aporta a la causa.
PD: quisiera aclarar que esta entrada es 100% ficción y además, que ya me deshice de la bata de terciopelo bordó.
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