todo bien hasta hoy, a esta hora













A esta altura de la vida, salvo una desgracia, nada puede cambiarme sustancialmente. Sé que queda mucho por aprender, pero también sé que me quedan pocas ganas. Hasta aquí he llegado, y si de mi voluntad depende, aquí me quedo. 
Que es cuestión de abrirse a la experiencia, que cada día es un nuevo desafío, que las pasiones nos mantienen vivos, que el signo más evidente de la vejez es la ausencia de proyectos y todas esas cosas, ciertas y conocidas, no me incentivan a encender motores.

Mentiría si dijera que tuve una vida difícil y más mentiría si dijera que fue azarosa. Tuve y tengo una vida razonablemente tranquila y predecible. Mis mayores problemas fueron y son creados por mi mismo, lo cual no deja de ser una variedad de suerte. En la medida que pueda corresponderme, mi vida tiene bastante que ver con mi personalidad y mi esfuerzo. Los logros y los fracasos están en la línea prefijada; no obtuve nada que no haya alguna vez soñado ni fracasé en nada que no haya emprendido conscientemente. Pudo haberme ido mucho mejor y también mucho peor.

Si tuviese que comenzar nuevamente no intentaría demasiados cambios. Con este tipo de temperamento sería muy aventurado atreverse a grandes giros de timón. La personalidad es un condicionante básico; con la mía, Colón jamás hubiese abandonado tierra y América hubiese sido descubierta por otro. 
Zapatero a tus zapatos.

Amado Nervo lo expresó con belleza:

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!



Todo esto es cierto hasta hoy a esta hora, pero la vida puede cambiar en un segundo.




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