últimos días de privacidad




Comentaba hace unos días que estamos asistiendo al fin del anonimato. Los niños nacidos en las últimas dos décadas no conciben al mundo sin computadoras, los niños del mañana no podrán concebirlo con privacidad. Somos testigos de cuán velozmente se amplía el alcance del ojo del gran hermano.

Hace mucho tiempo que las transacciones electrónicas –pagos con tarjeta- vienen dejando rastro del movimiento de sus poseedores, pero desde hace no tanto tiempo la tecnología GPS instalada en los celulares va dejando una huella precisa de nuestro itinerario. Cualquier operador telefónico podría brindar información geográfica acerca de cada lugar donde hemos estado durante el  último año, por si eso fuera poco, algunas compañías aseguradoras aconsejan, y otras obligan, la incorporación de sistemas de localización satelital en los vehículos. Saber con quien estuvimos, en qué lugar y por cuánto tiempo, no es tarea de detectives, es trabajo de sistemas.

En algunos lugares del mundo se está impulsando la creación de una base de datos que contenga la información genética de los habitantes. Ya, actualmente, las obras sociales almacenan un registro detallado de nuestras afecciones, visitas a médicos con detalle de frecuencia y especialidad, conocen online el estado de salud de nuestra dentadura y de nuestras vértebras.

Los empleadores informan cuánto ganamos y los bancos cómo gastamos. Las declaraciones juradas aportan los datos que pudieren faltar para obtener un completísimo panorama de la economía personal.

Las cámaras de seguridad, públicas y privadas, van invadiendo lentamente le geografía urbana, y como consecuencia somos actores de reparto de infinidad de películas, que jamás serán presentadas al gran público. Siguiendo con la filmografía, no debiera sorprendernos que, sin la menor intención, nos hayamos convertido en una celebridad de You Tube; siempre hay algún camarógrafo atento con celular en mano.

Cada vez que nos conectamos a Internet e ingresamos el nombre de usuario, en algún lugar del mundo se registran nuestros gustos, nuestras costumbres, nuestras obsesiones más profundas y nuestros desvíos más escondidos.

La comunicaciones telefónicas, los mensajes de texto, los mails, las video llamadas, podrían estar siendo almacenadas por si fuera necesario analizarlas en algún momento. Las computadoras, cada vez más potentes e interconectadas almacenan con pelos y señales  cada una de las transacciones que realizamos, ya sean sociales, personales o financieras. El día que alguien se decida a atar los cabos que andan sueltos, en milisegundos sabrá de nosotros mucho más que nosotros mismos.

Mi forma de contraatacar esta invasión a la privacidad, es la de postear textos ininteligibles, frecuentes e incoherentes, porque sé de buena fuente que los insanos no seremos controlados con tanto celo.


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