¿dones o castigos?
Sería una verdadera tortura poder leer la mente de las personas. La convivencia requiere una imprescindible ración de mentiras e hipocresía. Nadie totalmente sincero podría vivir en sociedad. La sinceridad extrema condenaría al sincero a recluirse en una ermita, alejado de la gente como si se tratara de un leproso. Sería terrible enterarse on line lo que piensan de nosotros. Nadie quiere saber la verdad, el “dígame la verdad Doctor”, podría traducirse como “dígame que todo está bien o cállese”. Muy pocos se atreverían al inocente “¿me querés?”. ¿Quién querría enterarse cómo su pareja hacía el amor con su ex?, y mucho menos si quedaba más satisfecha.
Si tuviésemos ese don, deberíamos protegernos. Nuestros interlocutores deberían usar cascos como el de Magneto en “X Men” para evitar que Xavier lea su mente.
Mel Gibson se lo tomó a la joda en “Lo que ellas quieren” / “En qué piensan las mujeres?”, pero estoy seguro que se debió a que el don le duró poco y al principio todo lo novedoso atrae, además, le sirvió para levantarse a Helen Hunt, que no es nada del otro mundo, pero está para darle, como diría un amigo.
Las relaciones necesitan algo de misterio y fantasía, y la sinceridad no es bienvenida. Conocer la verdad de ciertos acontecimientos sería insoportable, tan insoportable como conocer el futuro; es por eso que podría asegurar que ambas son calamidades que jamás ocurrirán: jamás conoceremos el futuro y jamás podremos leer las mentes. Acceder a ese conocimiento implicaría el fin de la especie.
Es paradójico, quisiéramos saber todo de nuestros seres queridos y sin embargo, llegado el momento rechazamos acceder a esa información. Alguna vez tuve la oportunidad de leer un diario íntimo y opté por no hacerlo, el miedo fue mayor a la curiosidad.
Muchas veces escuché “ten cuidado con tus deseos, que podrían convertirse en realidad”. Ahora que lo entendí, comencé a ser más prudente y leer la mente dejó de interesarme.

Comentarios
Publicar un comentario