el responsable único















Leí hace bastante tiempo un cuento de Asimov en el cual el presidente de un país era elegido por el voto de una sola persona. Una supercomputadora con un superprograma seleccionaba a un único ciudadano cuyo voto representaba con total exactitud al resto del padrón electoral. Ese hombre elegía al presidente y problema solucionado.

Parece que algún hijo de puta leyó ese mismo cuento y puso de moda lo que pasó a denominarse legalmente el “responsable único”. Palabras más, palabras menos, el concepto es que existe alguien que simboliza a cada tipología de delincuente, y es a ese mismo al que hay que castigar en representación de toda la chusma. ¡Fíjense qué pavada!. El Gobierno feliz, porque con culpar a dos o tres pelotudos arregla todos los temas. Los jueces a las puteadas porque se quedaron sin trabajo; peor los policías porque los echaron a todos. En realidad peor yo, que fui declarado el “responsable único” de la “Gran Crisis”, por el simple hecho de haberme atrasado en dos cuotas de la hipoteca. No me explico cómo llegaron a una conclusión tan absurda; me dijeron que fue la computadora y que "la computadora no falla". ¡Qué se vayan al carajo!

Tres de los pocos jueces que quedan están dedicados full time a investigar mi caso. Los tipos tienen oficio y si bien no encontraronnada demasiado raro detrás del atraso en la hipoteca, descubrieron que de chico tuve un novio gay, que en 1996 tomé prestada una abrochadora del trabajo y que transferí el auto con una deuda de patentes. Resumiendo, hace cinco meses que estoy preso en una cárcel de máxima seguridad en la que estoy solo, por supuesto, porque con la pelotudez esa del responsable único, las aves negras se las arreglaron para hacer salir a todos los delincuentes. Ahora, las calles están llenas de violadores, de estafadores, de narcotraficantes, de asesinos, de ladrones y cinco o seis tarados como yo pagamos los platos rotos.

La gente, en lugar de linchar al turro al que se le ocurrió la funesta idea del responsable único, me quiere linchar a mí, por la crisis y porque dicen que sus impuestos se malgastan en pagar una cárcel que ocupa veinte hectáreas para albergar a un solo hijo de puta –yo soy el hijo de puta al que se refieren-. Por suerte los guardias me tienen cierta simpatía porque gracias a mí conservan el trabajo, pero eso es nada comparado con lo que estoy pasando.

No puedo entender cómo nadie entiende esto que es tan claro. Nefastos son los tiempos en que es necesario explicar lo obvio. 



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