mala semana para dejar de fumar



Hay días que son complicados, días en que nada sale derecho, y también hay semanas malas, y esta semana vino “de culo”. Recién comenzado el lunes quince pisos por la escalera para darme cuenta en la planta baja que había dejado los anteojos sobre la mesa del la cocina. Hubiese podido olvidarme un brazo o el hígado que no me hubiese dado cuenta, pero no los condenados anteojos sin los cuales soy mucho más inútil que habitualmente –lo cual ya es decir-.

Quién no tiene cabeza tiene pies, don James, espetó risueño el encargado del edificio, que es en realidad el dueño del edificio –sólo que es modesto y no lo dice-, y no lo afirmo solamente porque haya adquirido dos departamentos y una cochera, lo digo porque hace lo que quiere, cuando quiere y cómo quiere, como sólo los dueños se pueden dar el lujo de actuar. Y después dicen que con la Revolución Francesa se terminaron los privilegios, no me hagan reír, el sindicato de Encargados de Edificio tiene más poder que la CIA.  ¿Y saben algo? El risueño del portero había sido el responsable de la rotura de los dos ascensores, pero no tiene caso alterarse, la batalla contra los pelotudos está perdida.

Tras cartón, observé con una mezcla de estupor y asombro cómo la vecina del 2° “D” se había ingeniado para estacionar su auto con tal precisión que en una sola movida logró neutralizar un sector de no menos de diez vehículos. Hasta que la bendita mujer moviera su Fiat 147 nadie podría salir; sinceramente, no sé cómo se las arreglo para colocar tan mal un auto tan chico, pero lo hizo a la perfección.
Ignoro a qué iluminado se le ha ocurrido esto de las “cocheras móviles”, pero a quien haya sido habría que haberle advertido que estas cosas funcionan únicamente en sociedades civilizadas.
Volviendo al tema, lo usual hubiese sido solicitarle al Sr. encargado que se comunique con Olguita para pedirle que tenga a bien mover su puto carro, pero ya había comenzado mal el día y no quise molestar a Su Majestad, porque tal vez podría estar desayunando –o cagando, me daba lo mismo-. Buen día Olga, ¿quién es?, soy James del 15° “A”, y ¿qué querés?, pedirte si podrías correr el auto porque no puedo salir de la cochera, ¿justo ahora?, a esta hora salgo a trabajar Olga, ahora no puedo, ¿a qué hora podrías?, a las doce, faltan cuatro horas, , pero tengo que salir, ¿y yo qué culpa tengo?, dejaste el auto mal estacionado, ya me lo dijiste, andate a la puta que te parió, ¡morite impotente!.

El metro estaba atestado, maloliente, y con un importante retraso provocado por una de las huelgas semanales –esta semana le había tocado a los señaleros-. Hay que reconocer que estos tipos son muy organizados para joder al prójimo.
Mentiría si dijera que subí al metro, porque en realidad fui subido por una horda de trabajadores. Aseguraría que el que estaba justo detrás mío era un actor de cine porno, pero prefiero no dar detalles. Finalmente llegamos a Leandro N. Alem. Abandonar el metro era semejante a salir de un sauna finlandés sin finlandesas. Mientras me acomodaba el saco me di cuenta que ya no tenía mi billetera. ¡Fue el pijudo hijo de puta!, grité frenético en medio del andén. Dos policías me arrestaron bajo los cargos de “alteración del orden público” y “expresiones obscenas”. Para salir bajo “libertad vigilada” mi esposa debió pagar una fianza de $ 1.500 y me obligaron a firmar un acta dónde me comprometía a realizar tres días de trabajos comunitarios. Llevo una especie de “tobillera” GPS del Servicio Penitenciario, mi mujer no me habla porque dice que me quise encarar a Olga, y el turro del encargado está juntando firmas en el edificio para declararme "vecino conflictivo". ¿A quién se le puede ocurrir que voy a largar el faso (*)?



_________________
(*) cigarrillo

Comentarios

Entradas populares de este blog

despedidas

licencia para matar

Osho, simplemente estamos aquí, nadie sabe por qué