sinceramente hablando












Sería más fácil hablar con sinceridad.
Los resultados serían mucho mejores si habláramos sinceramente, en forma concisa y sin vueltas innecesarias. Estoy a favor de fundamentar y de argumentar, pero estoy en contra de
ganar por cansancio, y me declaro opositor acérrimo del engaño, el ocultamiento y de la mentira por omisión.



El ocultamiento se ha vuelto una práctica usual. Si sabemos que tal persona va a rechazar tal propuesta, no se lo comunicamos pero, eso sí, seguimos adelante como si la hubiese aceptado. Suponemos  que el mero paso del tiempo hará que el otro se someta mansamente a nuestros deseos o, en el peor de los casos, se allane a negociar en nuestros términos. Tampoco estoy de acuerdo con que todo es negociable, porque hay cosas que no se negocian,

El caso de las parejas es perfecto para ejemplificar la idea. Rápidamente se detecta que es lo que no le gusta al otro y entonces se oculta en forma deliberada, total hay tiempo. Así, recién llegados de la luna de miel nos enteramos que el señor no tenía planeado discontinuar los viernes de juerga con los amigotes, o que no está en los planes de la señora dejar de frecuentar a su “ex” novio, recientemente devenido en amigo y confidente.  Nadie puede argumentar seriamente que es algo que no se sabía de antemano, sólo se ocultó en forma premeditada. ¿Para evitar una pelea? NO, en el mejor de los casos, para posponer una pelea o, para negociar los caprichos en condiciones más favorables. Yo te entrego con vida tu capricho y vos con vida el mío. Los intercambiamos en Berlín, sobre el puente de los espías

Por ejemplo, si la dama adhiere a la postura que los bienes heredados deben pasar a ser parte del patrimonio conyugal, el Conde debería saber un tiempo antes de contraer enlace, que su futura esposa quiere la mitad del castillo de los Alpes; tampoco el Conde debe dar por sentado que su futura esposa adhiere en forma irrestricta a sus gustos por la zoofilia, que olvidó comentarle. Hablarlo después del casorio sólo es para problemas, pero andá a convencerlos.

Los acuerdos comerciales aportan gran cantidad de ejemplos y decepciones. Mientras están firmando el contrato, el proveedor no sabe que el cliente no ha conseguido aún la financiación para pagarle, y el cliente que el proveedor no ha podido adquirir la máquina imprescindible para prestarle el servicio. Los dos piensan que Dios, el área legal, o ambos, lo socorrerán cuando haga falta. 

Nunca una práctica ruin va a traer resultados beneficiosos; el engaño y el ocultamiento no escapan a las generales de la ley. Esas avivadas con las que creemos tomar ventajas, volverán como un boomerang para golpearnos en el medio del morro.

La mayor parte de las veces la sinceridad es antipática y dolorosa, pero a fin de cuentas siempre se termina agradeciendo.
 
 





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