un mecenas enmascarado (3 de 3) - Mark



Una prima soltera y, entre nosotros, no demasiado apetecible, había colmado mi paciencia con sus permanentes pedidos de ser presentada a mi selecto círculo de amigos, conocidos, compañeros de trabajo y hasta a mi terapeuta floral. Cansado de ese acoso permanente, la emplacé a que pegara sus fotos en un libro en blanco y le prometí que me encargaría de mostrarlo a todas mis relaciones. Como su silueta no jugaba a favor pegó exclusivamente las fotos de su cara, así nació el primer “cara-libro”. El tiempo que me insumía la presentación era tal que se me ocurrió informatizar el procedimiento. Le propuse que “subiera” sus fotos a una página web y me comprometí a difundir su URL. Leonor agradeció calurosamente la sugerencia pero, como pueden imaginar, reclamó mi ayuda para llevarla a cabo. Por esos días yo estaba comenzando lo que sería un tórrido romance con Pamela (la misma de siempre) por lo que mis tiempos libres eran exiguos. Un compañero de  fútbol, recién ingresado al equipo y deseoso de obtener mi tutela, se ofreció a tomar la tarea. Bajo mis diestras directivas desarrolló una aplicación con la cual Leonor llegó a ser conocida en el ámbito local. La aplicación fue tan exitosa que algunas amigas de Leonor solicitaron también ser incluidas; una de ellas, estudiante avanzada de italiano, tradujo cara-libro como faccia book. Una de las muchas conquistas de Leonor, un tal Mark, hizo el resto.

En forma deliberada los millonarios han decidido olvidarme, enmascarados. La historia la escriben los vencedores y la vida no es justa, como bien sabemos. 




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