cruzada contra el ocio
Enmascarados, el ocio es el padre de todos los vicios.
Un viejo y querido ingeniero, hoy fallecido, todas las mañanas y a manera de saludo decía: “me quedan dos cosas por hacer en esta vida, viajar en submarino y que me rompan el culo”. Una mañana saludó: “sólo me queda viajar en submarino”. Así es, queridos compañeros, la perdición está al alcance de la mano, sólo es cuestión de decidirse; y el ocio, estimados camaradas, nos compele a decidirnos. ¡Cuidaos del ocio, hijos míos!
Hablando de ocio, no hay pregunta más ociosa que aquella que inquiere: ¿qué harías si sólo te quedara una semana de vida? No solamente es una pregunta ociosa, es una pregunta innecesaria, inconducente, irreflexiva y lo más importante, es una pregunta estúpida porque, ¿quién sabe qué haría? y además, ¿a cuántas personas que ustedes conozcan le han pronosticado una semana de vida? “A NINGUNA persona”, es la respuesta que estoy escuchando mientras escribo estos párrafos de sabiduría, camaradas. Pero igualmente, como mi misión es abrir sus ojazos a la realidad de la vida, voy a confesarles que es lo que vuestro hermano enmascarado haría ante esa desafortunada situación.
Como primera medida NO plantaría un árbol. Leí por ahí que alguien dijo “aunque supiera que mañana moriré, hoy plantaría un árbol”. Muy poético, muy romántico, muy ético, pero una total mentira, ragazzi. Aseguro que quien dijo eso estaba mintiendo; mentir es fácil cuando la mentira es incomprobable. Además, imaginan a alguien preguntándole al muerto ¿dónde está el árbol que plantaste ayer? , otra pregunta ociosa y van…
Tampoco escribiría mis memorias. Una vida tan rica no puede encarcelarse en un libro, ni en mil libros, tampoco en una película, aunque fuera 3 D. Si alguien quiere saber de mí, que me venga a ver y me pregunte, que me filme, que grabe mis discursos -como grabaron a Osho-, que tome fotos y las suba a facebook, que hable con mi familia y amigos –aunque no con mi tía Carlota que me odia desde mi nacimiento-.
Pediría un préstamo y lo repartiría entre los pobres vestido de Robin Hood, compraría con tarjeta de crédito en veinticuatro cuotas, aunque más no sea para que el seguro de vida con el que nos esquilman mensualmente sea utilizado una puta vez, si es que existe. Putearía a mi jefe, aunque a él no le importara. Le diría a mi tía Carlota que fue adoptada; hasta que confirme que no lo fue fastidiará a Dios y María Santísima. Tomaría un crucero de treinta días, porque siempre tuve la fantasía que tiren mi cuerpo al mar envuelto en una bandera. Tendría relaciones sexuales disfrazado de el Zorro. Escribiría en el “Blog de una chica positiva” que se le fue la mano con los libros de auto ayuda. Obligaría a todos mis enemigos a escucharme toda una noche con Karaoke de cumbia. Pintaría graffitis contra el gobierno, el que sea que esté en ese momento. Quemaría las fotos de Motumbo. Me suscribiría a una temporada de Ópera para que la gente piense que el finado era culto.
Eso sí enmascarados, dejaría bien en claro que no he viajado en submarino, ni tampoco lo otro ¿se entiende?
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