¿a quién le interesa?











Es fantástico que planees vacacionar en una cabaña en las montañas suizas, o que tu IQ supere largamente lo normal, o que tu novia sea multiorgásmica, y es una lástima que el mecánico te haya cobrado un dineral por ajustar tres tornillos, y que tu padre tenga piedras en la vesícula, pero te pregunto ¿qué aporta a mi vida tener esa información? ¿cuál es la necesidad de decírmelo? No es envidia, y no es frialdad, es que no me importa. Uno no debiera compartir asuntos que no son de interés para los demás.

Para peor, el conjunto de los difusores compulsivos encierra un subconjunto aún más insoportable: los propaladores de éxitos propios.  No estoy proponiendo convertirse en ermitaño, ni estoy recomendando sólo hablar de la parte vacía del vaso. Sólo imploro un poco de equilibrio. Nunca todo está bien y nunca todo está mal, eso ya se sabe. Cuando escucho a esos presuntuosos, indefectiblemente viene a mi mente: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”.  

Imagínense a todo el mundo relatando sus historias y alardeando de sus aciertos. Sería insoportable.

Puedo entender que en los comienzos de una relación sentimental exista una efervescencia que es difícil de mantener contenida, pero les ruego, hagan un esfuerzo supremo y conténganla, nos da exactamente lo mismo si cenaron en el Hilton o en McDonald’s. Pero, si la compulsión es incontrolable, imploro como mínimo un poco de mesura.


Por otra parte, es excelente que tu hijo tenga tres novias, que a tu ahijada la pretenda el dueño de un astillero, y que tu hermano sea el abogado estrella del bufete, pero te digo con respeto, NO ME INTERESA, tampoco que tu primo Jorge sea gay, y que tu tío Alberto haya quebrado su tercer empresa.

Claro que me interesa saber cómo están mis afectos, y sobre todo si puedo hacer algo por ellos –aunque sea escucharlos-, pero sé también que nadie más se desvive por conocer al detalle las alternativas de la vida de la gente que quiero.

Una compañera de trabajo, que debe creerse la reina del Nilo, tiene la costumbre de comentar en voz alta cuanta estupidez se le ocurra: "hoy comería pizza", "estoy loca por unos zapatos rojos", "quiero comenzar a practicar tae kwon do", "mi nutricionista dice que estoy muy bien", "ayer miré Top Gun y me puse a llorar", "quiero un árbol de navidad plateado"... Les ruego encuentren una persona en este puto planeta que pueda importarle que esta señorita esté loca por unos zapatos rojos y por todas sus demás superficialidades. Si la encuentran avísenme, así se l@ presento y entre l@s dos se cuentan cuanta cosa se les ocurre.

Que quede claro, siempre voy a intentar calmar al dolido y siempre  ayudar al necesitado, no estoy hablando de solidaridad ni de altruismo, no estoy hablando de no apoyar a quien está sufriendo -no soy tan malvado- únicamente estoy hablando de ahorrar palabras inútiles, que tienen como único fin hablar bien de uno mismo. 

De corazón les digo, esas palabras a nadie interesan.


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