breve disquisición sobre los celos
Estoy convencido que los celos verdaderos no se sienten, se sufren.
Habitualmente uno relaciona a los celos con la pareja, con la infidelidad, pero eso es solamente una parte.
Siempre pensé que hay sentimientos que son indivisibles, originales, -no sé bien cómo decirlo-, y hay otros que son una combinación; pongo a los celos como ejemplo de estos últimos. No concibo a los celos como un sentimiento “químicamente puro”, sino como una combinación, una mezcla de debilidades: posesión, desconfianza, inseguridad, disvaloración, etc.
A esta altura de la vida, todos, o casi todos coincidimos en que los celos tienen mucho más de egoísmo que de amor, porque el que cela tiene miedo y el miedo y el egoísmo son parientes cercanos. Quien cela es fundamentalmente una víctima, una víctima del miedo; una víctima que muchas veces sin quererlo, y muchas veces queriéndolo, es además un victimario.
El que cela tiene temor a perder el amor, teme no ser suficientemente valioso, teme por su futuro, teme sufrir por la soledad y/o por la miseria, siente que su mundo podría derrumbarse si pierde a su pareja. Ese tipo de celos es un sentimiento terrible para quien lo sufre. A esos celos es a lo que llamo celos verdaderos y siento que merecen ser comprendidos y respetados. Pero también hay otro tipo de celos, celos superficiales, emparentados únicamente con el ego, dónde el objeto de los celos es considerado realmente un objeto o como mucho un proveedor. Veo a esos celos como sinónimo de necesidad de posesión, como una muestra del egocentrismo más puro. Quiero ser el único y el más importante, pero por el sólo hecho de serlo, para demostrar mi propio valor. Mi opinión es que esos celos anidan sobre el egoísmo, y que a ese tipo de celos no los sufre el corazón, únicamente los sufre el ego.
Como siempre, solamente una opinión.

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