¿ vivir o durar ?, esa es la cuestión
Con los años se ganan unas cosas y se pierden otras, aunque son más las que se pierden que las que se ganan. Hasta un cierto momento de la vida se gana experiencia y, en rarísimos casos sabiduría, pero el deterioro nos acompaña durante la mayor parte de la existencia, más lentamente al principio y más rápidamente al final, lo cual resulta razonable porque la decadencia es una parte inextricable del ciclo natural de cualquier ser vivo, e inexorablemente se acentúa en el último tiempo.
Los fármacos y los avances de la medicina alargan –artificialmente- la vida y la mayoría de las veces el balance de los últimos años no suele ser positivo, o al menos, tan positivo como el de los años de juventud. Claro que existen personas muy longevas que llegan hasta sus últimos días de vida con una vitalidad, una salud y una lucidez notable, pero convengamos que no son las más.
No hay que ser un entendido para ver que el cuerpo humano está “diseñado” para durar menos tiempo que el que deseamos que dure y la experiencia nos muestra que toda la “extra vida” tiene un alto costo -más en sufrimiento que en dinero-.
Observando esto, inevitablemente surge la duda si vale la pena sobrevivir en cualquier condición. Como sucede con todas las cuestiones humanas, no existe una respuesta única, hay quienes se aferran a la vida hasta el último segundo y hay quienes se dejan morir. Yo también tengo mi opinión: creo que uno debiera vivir mientras conserve las ganas de estar vivo, no importa cómo esté ni en qué circunstancias se desarrolle su vida, las ganas por sí mismas son suficiente razón. Cualquier motivación es válida, o mejor dicho, la motivación no es importante, lo realmente importante es tener –o no tener- esas ganas; si no se tienen, si se considera un peso encarar cada día, seguir viviendo deja de tener algún sentido.
Me senté pensando escribir acerca de una de las pérdidas sutiles que implican los años: la pérdida del sentido común; y me fui por las ramas. Lo del sentido común, quedará para otra entrada y, obvio, para otro autor.
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