BDSM para voyeurs

Cada cual tiene derecho a vivir como le plazca y "para gustos… los colores” reza el dicho popular, por lo que no voy a despacharme con un speech moralista sobre un tema que apenas conozco y que, como casi todos, depende de los gustos y personalidad de cada uno, no obstante, sí voy a extenderme sobre un punto en particular porque, más alla del desconocimiento puntual, hay ciertos temas que exceden a cualquier práctica particular y por lo tanto no requieren de un conocimiento específico para ser tratados.



Los otros días leí un excelente posteo de la amiga Mar, dónde hablaba sobre la práctica del BDSM, cuando dicha práctica se extiende a la vida cotidiana. En esa misma entrada esbocé un par de ideas que querría desarrollar un poco más aquí mismo.

En mi opinión, todo acuerdo sexual que no dañe ni lastime a nadie es válido. En esa línea, existe en la Constitución de mi país un artículo que habla específicamente de los actos privados y dice: “los actos privados de los hombres, en cuanto no ofendan la moral pública o afecten a terceros, están reservados a Dios y exentos de la autoridad de los magistrados". No creo necesario agregar nada más al respecto, sólo decir que adhiero a dicho artículo.

Creo que un vínculo basado en la filosofía del BDSM, con todas sus variantes, puede funcionar muy bien si se circunscribe al contacto sexual y a sus prolegómenos, pero extenderlo al resto de la vida es algo "insostenible" en la práctica, más allá de las ganas y el empeño que la pareja le dispense.

Entiendo al BDSM como un juego de roles, dónde cada miembro de la pareja acepta jugar un rol determinado. Esos roles resultan, a mi juicio, algo extremos y poco naturales si se pretende extenderlos a la totalidad de la vida, porque entiendo a la relación de pareja antes que nada como una relación de “pares”, una relación dónde en ocasiones es uno el que decide y en ocasiones es el otro, dependiendo en cada caso del conocimiento, sentido común, valentía, aptitud, etc., y no parece demasiado común que uno solo de la pareja sea el que monopolice todas esas virtudes en todos los casos. Por otra parte, nadie puede mantener un rol todo el tiempo, aunque su personalidad esté muy sesgada hacia dicho rol, por lo que en algún momento, la persona sentirá que no está siendo auténtica con ella misma y no está siendoella misma.

Por lo que puede inferirse de las lecturas en los blogs dedicados, el BDSM supone una cierta devoción del sumiso hacia el dominante. Yo creo que la devoción está destinada a lo abstracto, a lo intangible, o como máximo, a lo tangible y concreto pero con lo que no se tienen contacto. Es común sentir devoción por un ser que ya no existe o que nunca existió, por una divinidad, por una idea, por la patria, inclusive por un ser humano del que poco o nada se sabe de su vida real, pero sentirla y sostenerla por alguien con el que se convive es humanamente imposible.

El poner el rumbo de la vida propia en manos de otro implica un grado de entrega muy alto y una confianza casi ilimitada, por lo cual, encontrar una persona que la merezca no es tarea para tomarse a la ligera, y sin embargo algun@s sumiso@s declaran cambiar de am@s como de camisa –para decirlo suave-, con lo cual no pareciera que los cultores del BDSM tomaran el tema demasiado conscientemente, más allá de lo declamativo.

En otro orden, no me imagino una familia constituida dónde el padre, o la madre, vayan por la casa ataviados con collar y cadena, o tratando al otro con temor reverencial, por lo que tampoco pareciera ser una práctica compatible con un hogar convencional.

Para concluir, quiero aclarar que no estoy haciendo ningún juicio de valor sobre el BDSM, sólo sostengo que puede ser una interesante variante sexual, pero dificulto que sea un tipo de vínculo sostenible si se pretende extrapolarlo al total de la vida.


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