excusas y razones
-Ha llegado treinta y cinco minutos tarde, James
-Lo sé señor, el tránsito está terrible esta mañana
-¿Tan malo está?
-Un verdadero infierno…
La fiesta terminó tarde y James sólo durmió unas horas. Saltó de la cama treinta minutos después de lo que correspondía y la avenida por la que circula cada mañana estaba hoy algo congestionada (unos cinco minutos de más manejando, a lo sumo).
A la hora de dar las explicaciones, James desestimó el retraso debido a su responsabilidad y atribuyó toda la demora a cuestiones ajenas a su control.
James encontró una excusa que le ayudó a soslayar la razón verdadera. Así hacemos muchas veces, nos valemos de excusas y obviamos las razones. James tiene ese mecanismo mental tan aceitado que ni siquiera advirtió que se estaba excusando, posiblemente nosotros tengamos también algo de eso.
Si observamos con atención, notaremos la marcada tendencia de algunos a encontrar, “excusas”, para evadir las responsabilidades, para ganar la discusión, para desviar el tema…
-Perdiste la tarjeta de crédito, Clotilde
-No importa, no pensaba comprar nada...
-Marcela has quemado esta camisa con la plancha
-Deberías agradecerme, siempre has dicho que no te gusta...
-Te olvidaste la carne en el horno y se ha quemado
-Mejor para vos, Alberto, tu colesterol está altísimo...
Ante esas respuestas sólo cabe el silencio... o el crimen.
Ante esas respuestas sólo cabe el silencio... o el crimen.
En tren de simplificaciones, y evitando los eufemismos, una razón expresa algo que es cierto, una razón es una manifestación de la verdad, mientras que una excusa es una mentira... una mentira creíble y verosímil, pero una mentira al fin.
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