mal despertar












Un meteorito se parte en mil pedazos contra las capas bajas de la atmósfera. Los restos más pequeños se dirigen directamente hacia Rusia mientras que un trozo del tamaño de un colectivo se desvía hacia América del Sur.

Cheliábinsk, Montes Urales. Casi mil heridos, cientos de ventanas destrozadas, pánico, corridas y hasta un muerto. Los trozos incandescentes han impactado sobre los habitantes como verdaderas bombas medievales.
 
EE.UU., Arlington, Virginia. El Pentágono. Comparece ante el Ministro, el responsable del programa de defensa denominado “La Guerra de las Galaxias” que, teóricamente, debiera detectar y destruir cualquier objeto que irrumpiera en el firmamento de la Unión. 
Trasponen las gruesas paredes de bunker los gritos del general de cuatro estrellas pidiendo las explicaciones del caso.
 
Francia, Los Pirineos, Observatorio Astronómico. Tres reputados científicos revisan incrédulos los listados que la supercomputadora acaba de emitir. El mayor de ellos siente cómo las lágrimas cubren sus ojos. Quizá el próximo evento sea el fin; la imagen su nietita oprime su corazón.
 
Caucete, Provincia de San Juan, República Argentina. Marcelino Quispe siente en todo su cuerpo la venganza del vino de mala calidad. El sol cae a plomo sobre el techo de chapa tornando aún más agobiante el ambiente de la sucia habitación. El aire inmóvil,  irrespirable, flanqueado por un lado por la puerta de álamo y por el otro por la pequeña ventana que mira hacia el valle. Marcelino tarda en convencerse que la única acción digna es levantarse; ya son las dos de la tarde. Con paso vacilante se dirige hacia el ventanuco con la firme intención de abrirlo. Los ojos entrecerrados logran divisar una especie de colectivo volador que se dirige hacia ahí. “Debo dejar la bebida”, fue su último pensamiento.
 
 
 

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