memorias de un latin lover

Esta es una entrada para hombres, están advertidas.
Trasponer esta línea es responsabilidad de cada una, por lo tanto chicas, no se aceptan reclamos.

Por si no lo sabían, la finalidad de este blog es educativa y de divulgación. Una especie de National Geographic de la vida; porque la gente cree que se las sabe todas. ¡Ilusos!,  ni yo puedo decir que las sé todas, y eso que sé mucho... 

Son muchas las cuestiones que podríamos tratar pero el tiempo es tirano -como dicen en la tele- , por lo cual voy a enfocarme en la materia más compleja y la más importante: las mujeres.

Las mujeres deben ser abordadas con sigilo y elegancia. La mujer no se conquista, la mujer se caza y la herramienta más importante de un cazador es el conocimiento de su presa. Las siguientes líneas resumen un saber invaluable... presten atención y tomen debida nota.

Las turcas son calentonas... puedo dar fe de ello, aunque no en primera persona. Mi mejor amigo fue amante de una por casi un año, y por su palabra pongo las manos en el fuego. Olga, hija de padre turco y madre libanesa, voluptuosa y apasionada, recibió amor y servicio cinco veces a la semana, y si hubiera sido por ella hubiese querido los siete días y en doble turno; las turcas son predadoras sexuales de tiempo completo y mi difunto amigo honró al género. Es de valientes morir en combate.

Las británicas son la antítesis de las turcas, refinadas y elegantes, pero apáticas sexualmente hablando. Existen excepciones, claro está, y esas excepciones la consituyen hembras insaciables, verdaderas come hombres, auténticas ninfómanas descendientes de vikingas desaforadas. Hay un libro que las describe con tal detalle que leerlo es conocerlas, y yo lo leí de pe a pa –varias veces-.

Un capítulo aparte merecen las italianas. Aseguran que es la sangre latina lo que las mantiene en celo constantemente. Distantes las del norte y temperamentales las del sur, son idénticas a la hora de la pasión. He pasado largas temporadas en Sicilia y he podido observarlas en “acción”.  A menos de tres metros de la ventana de mi habitación de estudiante, un semental italiano “atendía” a sus novias -sin cerrar las cortinas-.

La delicadeza y sensualidad de las francesas no admite comparación. Mata Hari, holandesa de nacimiento, terminó sus días en la France y allí dejó su impronta de libido y misterio. Tuve una novia francesa a la que supe enloquecer de amor pero a la que no pude convencer –“convencer”, ¿se entiende?-

La mujer oriental despierta los instintos más profundos y enciende las fantasías más extremas. Atormentó mi mente una duda primitiva y existencial: ¿el sexo de las chinas está en posición vertical u horizontal? Nunca pude saberlo porque la geisha que contraté había nacido en Bernal -provincia de Buenos Aires-. Tuve otra oportunidad con la dueña de una tintorería, pero no quiso saber nada de mostrarme, ni de decirme. Supongo que no me hice entender, cosas del idioma.

Como ya deben haber intuido las argentinas son mi especialidad.
Argentina, crisol de razas, es la tierra de las mujeres más hermosas y a la vez más difíciles. Con la esbeltez de las sajonas, el garbo de las latinas y las carnes firmes de lejanas cruzas africanas, son ejemplares de mirada intensa y esquiva, y de fortísima personalidad -inquebrantable para los inexpertos, ja-.
Conquistar a una argentina es tarea de entendidos y, modestamente, tengo sobrado "expertise". Pero la verdadera experiencia no es el fruto del éxito fácil, nada de eso, la experiencia real se forja en la fragua de la derrota sistemática, se templa con fracasos que lacerarían hasta la piel de un rinoceronte, pero un conquistador de raza soporta el rechazo con estoicismo y vuelve a la carga. "¿Qué le hace una mancha más al tigre?", es el grito de guerra.
En esa jungla peligrosa logré mi graduación como “latin lover”. Son míos los conocimientos, son mías las tácticas, es mío el dominio de todas las estrategias, sólo me falta ponerlas en práctica, pero el éxito está asegurado.

Deben saber, queridos hermanos, que el enmascarado es un eximio amante -aunque por ahora, sólo en la teoría-. Deben saber que un buen amante es ante todo un gladiador. Un amante es un vencedor. Un amante que se precie debe dejar a la mujer exhausta, exánime, sin aliento. Después de una sesión amatoria, la dama debe sentir que la vida ya no tiene más para darle, la amante debe sentirse morir, la amante debe querer morir -como después de ver Nápoles-.  Eso es lo que espero de ustedes. Es para eso que los entreno, es para eso que comparto esta sapiencia digna de dioses, este saber excelso y maravilloso,-e ininteligible para las mujeres, ja-.


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