Cánepas



 Yo diría que es un mito urbano si no me lo hubiese contado Alejandro, porque él nunca mentía y además, ¿qué caso tendría mentirme a mí?

Cánepas era el apellido del tipo, o algo así, porque pasaron tantos años que ya no me acuerdo bien. Parece que este Cánepas era un ganador con las mujeres, pero no un ganador así no más, era el ganador más grande de la historia –siempre hablando de historias de barrio- y eso dicho por Alejandro es mucho decir, porque Ale es un experto en el tema.

Volviendo a Cánepas, como es de suponer siempre andaba con varias minas a la vez, lo cual tampoco es tan raro, lo raro es que todas sabían de las otras y, esto sí es lo más increíble, cada una sabía que puesto ocupaba, si era la oficial, si era la segunda, si era la tercera, la cuarta… una cosa de locos.

Como buen mujeriego, Cánepas renovaba el harem con cierta asiduidad y para comunicar las bajas, tenía la costumbre de citar a la futura ex a un café determinado y ahí le largaba la noticia sin demasiado preámbulo, pero eso sí, no se iba inmediatamente porque le gustaba verlas llorar, que le rogaran, que le pidieran continuar, y él, inconmovible jamás daba un paso atrás. Y en esto precisamente, hay algo que lo pinta de cuerpo entero, algo que muestra su ADN como nada más podría hacerlo: parece que un día citó a una de estas chicas y le comunicó que la dejaba, “está bien”, contestó la flamante ex novia como toda respuesta y con la mayor tranquilidad; Cánepas, incrédulo ante la reacción inesperada espetó, “no hace falta que finjas”…



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