desvaríos del Dr. Rick











Estoy seguro que si fuésemos conscientes que no somos quienes creemos ser, la vida sería mucho más dichosa. Somos intrínsecamente valiosos, independientemente de las creencias propias y de ajenos y sobre todo, independientemente de los logros personales. Ese valor inalterable es lo que llamamos ESENCIA. Si tuviésemos esa consciencia ahorraríamos energías y malos tragos, porque sabríamos que no debemos demostrar nada a nadie, para ratificar nuestro valor. El problema radica en que no estamos identificados con la ESENCIA sino con el EGO. Escuchamos hablar mil veces de esa identificación, pero no prestamos demasiada atención a esa advertencia, porque EGO suena a abstracción y a egoísmo, y los humanos somos seres que rehuimos de lo abstracto y renuentes a reconocer la propia miseria.

Para poner en común lo que yo creo, diré que entiendo al EGO como una especie de clon que piensa y habla por nosotros, formado por la imagen que tenemos de nosotros mismos y que razona en base a nuestras creencias.

Esa identificación con un yo falso, lejos de ser una abstracción intrascendente, define nuestra vida.

"Las ideas nacen dulces y envejecen feroces", dijo alguien.

De la misma forma que algunas ideas se van desvirtuando a través del tiempo hasta convertirse en una sombra deformada de lo que fueron en sus inicios, nuestros conceptos e ideas se van rigidizando, pasando de ser una creencia a convertirse en una verdad absoluta.

A la hora de expresar nuestras creencias y, mucho más, a la hora de defenderlas, es una de las tantísimas ocasiones en las que el EGO toma el mando.

Generalmente decimos “defender nuestras ideas”. Me pregunto ¿defenderlas de quién?, ¿de quién piensa distinto?, ¿quién piensa distinto es un enemigo?, y en todo caso si lo fuera, si perdiéramos la batalla, o la ganáramos, ¿cuál es el premio por salir victoriosos? ó ¿qué es lo que se pierde? Respuesta: nada, nada de nada si la contienda es en esos términos, si lo único que se quiere es ganar una discusión, mostrarse más inteligente, más hábil, imponer la idea propia. Esas son las peleas del EGO, batallas inútiles con resultados inútiles. El EGO quiere ganar la discusión, con la verdad o sin ella, el asunto es ganar, es salir bien parado, no hay otra cosa, llegar a la verdad no tiene ninguna importancia. La verdad le interesa a la ESENCIA y no le importa quien la haya dicho, porque la ESENCIA no necesita probar nada.

El EGO es inseguro, y es por ello que es tan rígido, tan dogmático y se siente amenazado cuando sus creencias están puestas en duda, porque el EGO está constituido de creencias, entonces, si las creencias son puestas en duda, está puesto en duda el propio EGO. Eso se nota cuando una persona se fanatiza con una idea, se hace una con ella, si se pone en duda a la idea siente que se pone en duda a la persona. Las personas con EGO muy alto son altamente susceptibles y extremadamente rígidas, verdaderos talibanes a la hora de debatir.

No debería confundirse EGO con autoestima, porque son casi opuestos. Entiendo a la autoestima como la percepción sincera de uno mismo, pero como si no se tratara de uno mismo. La autoestima significa justiprecio, de ninguna manera indulgencia, pero tampoco falsa crítica. Tener una autoestima alta es encontrar en uno mismo los valores que nuestra ESENCIA aprecia y que también apreciaría en otros, en idéntica medida. La autoestima es humilde, no necesita reforzar lo que ya sabe, el EGO es prepotente, exhibicionista, necesita ser valorado, admirado, porque intenta obtener en el afuera lo que no puede obtener en el adentro. La sobreactuación y la afirmación externa no son otra cosa que nuestras de falencias internas, “dime de qué alardeas y te diré de qué careces”.

La autoestima es una apreciación objetiva y cuando es baja, sale el EGO a intentar suplirla. El problema es que se mueven en distintos planos y por lo tanto el EGO no puede compensarla, sólo disfrazarla torpemente.

Yo no sé si esto que digo es exactamente así, pero intuyo que ESENCIA, EGO y autoestima funcionan, aproximadamente de esa forma. Repitiendo la idea del primer párrafo, si tomáramos consciencia del valor inexistente de la gran mayoría de nuestras luchas, si el comando lo tuviera la ESENCIA y no el EGO, nuestra vida sería mucho, pero mucho, más dichosa.


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