fumar es cosa de machos


"Naufraga un crucero de lujo. Sólo dos sobrevivientes. Nadan juntos hacia una isla paradisíaca –y desierta- en el pacífico. Ella, un clon de Pamela Anderson, 20 años, sensual, sexual, dulce, tierna, hermosa. Él, un joven aristócrata, elegante, gentil, educado. Durante dos meses viven la historia romántica más maravillosa que puede imaginarse. Una mañana al despertarse Pam no encuentra a su amor durmiendo junto a ella. Sale de la choza asustada, pero se tranquiliza a verlo sentado a la orilla del mar, se le acerca, ¿te pasa algo cielo?, no me pasa nada, lo abraza tiernamente mientras dos lágrimas ruedan sobre sus aterciopeladas mejillas. Por favor decime si puedo hacer algo, te veo triste y ese sentimiento me destroza. Nada amor, estaré bien. Por favor te lo pido, decime qué puedo hacer. Pintate unos bigotes, ponete ese smoking que recogimos aquella vez, ese sombrero negro y venime a ver. Mientras vuelve sobre sus pasos, un  único pensamiento ocupa la mente de la mujer: es el amor de mi vida y es un trolazo, pero no importa, es mi amor y haré todo lo que me pida. La joven se viste con el smoking, se pinta unos bigotes lo mejor que puede, se coloca el sombrero y se acerca a él, quien permanece aún con la vista perdida en la rompiente. Al verl@ se le dibuja una sonrisa y comienza a hablar, al fin un macho para contarle, no sabés la mina que me estoy garchando."
Este cuento resume una verdad de hierro: no tienen caso salir con una mujer hermosa si no se puede contarlo. Abran esa cabezota: no tienen caso ¿ok? Les pido por favor que entiendan ese concepto que es bíblico, y no me vengan con esa paparruchada de “los caballeros no tienen memoria”, esos no son caballeros, esos son mariquitas, tragasables, pervertidos, varones con “B” y no verdaderos machos. Los machos contamos todo con lujo de detalles, inclusive contamos cosas que son ciertas. Para las andadas con minas no existe secreto de sumario, ni secreto de confesión, ni secreto profesional, ni juramento hipocrático, ni ninguna de esas mentiras con las que se protegen a malvivientes y desviados. En las charlas de café se habla con el corazón, y con la pistola. No es la boca la que habla, habla la pistola, hablan los andrógenos y habla el instinto. Y para hablar de mujeres hay que fumar, porque no existe mayor placer que sentir cómo la nicotina invade los pulmones mientras la boca desgrana las alternativas de una conquista, dar una honda calada mientras el resto de los asistentes escuchan el relato como si estuviese hablando Nietzche, produce un placer orgiástico. Ahora no te dejan fumar en ningún lado, lo cual demuestra la incomprensión del mundo, pero antes los bares estaban poblados de reuniones de machos verdaderos, y ahí fumaban todos, hasta los que no lo hacían habitualmente, hasta los que les hacía mal, hasta los que lo tenían prohibido por el médico o por la familia, porque fumar es parte del ritual, es como el “haka” de los maoríes. ¿Qué serían los All Black sin el haka? respuesta,: nada; nada de nada, porque ellos son uno con el “haka”, son lo mismo, de la misma forma que la conquista, el cigarrillo y el relato forman una sola cosa, una unidad  indisoluble. Lamento que las mujeres no puedan entender esto, porque las mujeres no tienen autoridad moral para hablar de conquistas y por lo tanto están exentas de estos placeres de la carne y del espíritu y están proscriptas de esas tertulias de sabiduría. Perdonen chicas, pero es así la vida. Cuando hablo de mujeres tengo que fumar, inclusive ahora lo estoy haciendo, y si no puedo fumar en un bar, salgo al balcón, a la calle, o a la plaza, no me importa, porque el rito debe seguir vivo. Aunque, dicho sea de paso, cada vez fumo menos, ja. 

Al cuento le faltó esa parte, y saben por qué, porque en esa isla de mierda no vendían cigarrillos.



Dedicado al amigo X, que disfruta de estos exabruptos.



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