hablando de obviedades
Nadie es igual a otro, verdad de Perogrullo si las hay. Pero algo tan obvio como eso, no es tan obvio, permítanme aclararlo. Por alguna razón inexplicable, o por lo menos, por alguna razón que ignoro, siempre se espera que el resto actúe como lo haría uno mismo, o mejor, como uno cree que actuaría, lo cual indica que creemos –aunque en forma inconsciente- que el otro es igual a uno, ¿por qué?, simple, porque de otra manera no habría razón para esperar que proceda igual. Salió confuso así que lo repito: esperar que otra persona actúe como lo haría uno mismo, lleva implícita la creencia que el otro es igual a uno. ¿Mejor ahora?
Otro concepto implícito en esa esperanza-deseo que se nos imite en el proceder, es el de creer -de nuevo, en forma inconsciente- que nuestra forma de actuar es la correcta, o al menos, la esperable. ¿De dónde habremos sacado esa idea peregrina? ¿Quién nos ha convencido que lo que hacemos está bien, a punto tal que esperamos nos emulen?
No es extraño entonces que nos horroricemos porque Juancito dejó a Martita. “Yo jamás la hubiese dejado”, decimos indignados. Es cierto yo jamás la hubiese dejado -con ese par de globos- pero Juancito no soy yo, y él sí la dejó. Y es razonable que proceda distinto a como yo lo haría, porque no somos iguales, no somos la misma persona, no tenemos los mismos gustos, ni la misma historia, ni las mismas necesidades, ni las mismas oportunidades…
En el posteo respecto al suicidio, para dar un ejemplo más, yo declaré que considero al suicidio como una salida; extrema y desesperada, indudablemente, pero una salida al fin. Estrella, mujer honesta, sentimental y normal, casi me denuncia penalmente. A ella no le pasa por la cabeza semejante acto. Ni por la cabeza, ni a cien kilómetros de su cabeza. Inclusive intuyo que me va a bloquear en breve… Esta es una muestra concluyente, de lo distinto que podemos ser unos de otros, aunque seguramente deben existir decenas de aspectos en que Estrella y yo debemos coincidir y hasta podríamos equivocarnos gravemente si extrapolamos esas coincidencias a toda nuestra personalidad
Era solamente eso, hablar de obviedades.
Comentarios
Publicar un comentario