nunca discutas con Rick












Las personas agresivas encuentran en las discusiones un canal de liberación de su agresividad, pero no es a ellas a quien voy a referirme, tampoco a los que discuten "por deporte", que son aquellos que han incorporado la costumbre de discutir por discutir. Esta entrada intenta poner de manifiesto los motivos por los cuales la mayor parte de las discusiones terminan siendo inútiles .

Para comenzar, deberíamos entender que no siempre es posible llegar a un acuerdo; lo bueno es que ni siquiera es necesario. La mayor parte de las cuestiones no admiten una única interpretación y entonces resulta natural que haya varias visiones sobre las mismas, por lo cual, teóricamente, esos temas no deberían generar controversia, ¿no es así? ERROR, la mayor parte de las diferencias surgen de esos asuntos.

En mi opinión, el principal problema de las discusiones radica en que en su gran mayoría se convierten, demasiado rápidamente, en contiendas personales. Casi en forma inmediata se dejan de confrontar ideas y se comienzan a confrontar valores. 

El objetivo de debatir debiera ser llegar a una verdad, o al menos, a un consenso, pero eso rara vez ocurre porque los seres humanos tendemos a sentirnos atacados cuando alguien expresa un pensamiento que es opuesto al nuestro. El sentimiento de haber sido ofendido se crea por la -equivocada- identificación del valor de la idea y el valor personal, es decir, no se discute sobre la idea sino sobre el valor de los contendientes. La forma de hablar no ayuda mucho a la claridad, porque en lugar de decir “esa idea es equivocada” se dice “estás equivocado”, en lugar de “esa idea es una tontería”, se dice “sos un tonto", lo que no hace más que ahondar la sensación que tener una idea estúpida equivale a ser un estúpido. Es por esa razón que es tan habitual recurrir a la descalificación del interlocutor como forma de descalificar su idea.

Por otra parte, la persona insegura – y todos somos inseguros, en algún punto, o en muchos puntos- necesita reafirmaciones constantes, y pocas cosas reafirman tanto como “ganar” una discusión; y es tanta la gratificación que produce esa “victoria” -del ego-, que se intenta salir airoso utilizando cualquier argumento, aún una falacia, dejando de importar llegar a una verdad y sólo importando llegar al “triunfo”.

Si prestamos atención veremos que después de discutir un buen rato, nadie recuerda por qué está discutiendo, y lo que es peor, a esa altura nadie le importa.



Comentarios

Entradas populares de este blog

despedidas

licencia para matar

Osho, simplemente estamos aquí, nadie sabe por qué