mano única (tercera parte)
Como ya había comentado, el GPS no fue de mucha ayuda en Senada. De ninguna ayuda para no andar con eufemismos. No sé si eso se debe a que las ondas satelitales se marean al llegar allí, si es que don Garmin se ha dado por vencido ante semejante laberinto, o si el espíritu de los árabes que conquistaron la ciudad aún sigue interfiriendo, lo único que sé es que la misma tecnología que puede ubicar un alfiler en Marte con la precisión de un nano metro, en Senada es inservible.
(este martirio aún no llegó a su fin)
Es de persona digna admitir cuando se ha perdido la partida y si hay algo de lo que me enorgullezco es de mi dignidad, así que apenas tuve la oportunidad aparqué mi bonito auto alquilado y me acerqué al primer ser humano que estuvo al alcance de mi angustia. Ustedes dirán que siempre hay oportunidad de aparcar; por favor no me hagan reír, en Senada no existen casi lugares para aparcar porque casi todas son calles de mano única y de un solo carril, y en los poquítisimos sitios en que un cristiano podría detenerse sin ocasionar un caos de tránsito mayúsculo, algún hijo de puta dejó su auto con las balizas encendidas mientras hacía los trámites para abrir un negocio de venta de estupefacientes para niños. Disculpe señor, ¿sabe Ud. dónde queda Las Magnolias 35? ¿Las Magnolias 35?, me parece que sí, espere que le pregunto a mi esposa que creo que tiene una tía que vive por allí, aguardo muchas gracias. María, Las Magnolias 35 ¿sabes dónde queda?, sí que sé dónde queda, allí vive la tía Ema y el tío Pepe, lo que no sé cómo llegar desde aquí. Si hay algo que no me interesa en toda mi infame vida es saber dónde vive la tía Ema, el tío Pepe, el Príncipe de Nápoles, Lionel Messi, ni toda la puta parentela de María, lo único que quería saber cómo llegar a Las Magnolias 35 y ni María, ni el cabrón de su esposo sabían decírmelo. Gracias señor, sigo averiguando, sí hazlo, pero más vale que aparques aquí el auto y vayas andando, ¡buena idea! ¿es cerca para ir andando?, no, es al otro lado de la ciudad, pero llegar es complicado. Gracias señor, sigo averiguando…
En ese momento no fui consciente que ese cabrón me estaba dando el mejor consejo de mi vida…
(este martirio aún no llegó a su fin)
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