mano única

Les aconsejo que no entren a Senada, y mucho menos si van en auto.

Créanme que no me ha quedado nadie con quien pelearme en ese lugar, al punto que  la gente me conoce como el loco del Citroën. He discutido con los policías asignados a la zona, con el comisario, con el delegado de la Guardia Civil y hasta con el mismo alcalde,  y en honor a  la verdad debo reconocer que con algunos he trabado una verdadera amistad después de tantos años, pero a pesar de eso  mi auto aún sigue allí.  Cuando caí en esa maldita ciudad el automóvil no era mío, pero ahora sí lo es. La historia es larga y algo confusa. El auto pertenecía a Hertz o a Avis, hace tanto que ya no recuerdo, pero por las razones que voy a exponer me vi obligado a comprarlo, euro sobre euro. Los de la agencia me dijeron que me hicieron un precio especial y hasta me dieron una tarjeta de descuento para futuros alquileres. Esos tipos son patéticos, en lugar de ayudarme con las gestiones para recuperar el vehículo pretendieron fidelizarme con una oferta estúpida. Cuando pagué la última cuota les rompí la puta tarjeta en la cara y les canté cuatro frescas.

Vamos a los hechos. Corrían los primeros días de abril de 2013 y no tuve mejor idea que recorrer España como viaje de segunda luna de miel. Luna de miel a mi edad, hay que ser pelotudo. Lo real es que llegamos a Madrid e inmediatamente rentamos un vehículo, un bonito auto rojo metalizado con apenas 1500 km de uso. Había tenido la precaución de llevar un GPS y varios mapas almacenados en la tableta. Milagrosamente salimos de Madrid sin perdernos lo cual me envalentonó. Estaba tan eufórico por el acierto que pensé seriamente postularme como navegante para carreras de rally, pero la alegría me duró poco, unos 416 km. El primer destino fue Córdoba, ahí mismo Dios me dio la primera señal.

(esto continuará… algún día)

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