estrategia
Le decía a la notable pintora –no quiere que la llame artista- Balbi López http://balbilopez.blogspot.com, que escribir me ayuda a exorcizar mis preocupaciones, porque me obliga a sacarlas de esa nebulosa en las que se ocultan y desde la que proyectan una sombra que las hace parecer aún más terribles. Puede ser que sea una forma innata de abordar mis temores, o bien sólo un resabio de largos años de terapia; pero en cualquier caso, como una de las formas de tratamiento psicológico es pasar al conciente los miedos, las angustias, las preocupaciones, etc., continuar con esta práctica hasta prodría hacer posible que alguna vez me vuelva normal (1).
Le comentaba a Balbi que casi todos tenemos una tendencia a dramatizar excesivamente la vida, yo especialmente, y supongo que es esa la razón por la cual recurro al análisis frío como una forma de tomar distancia de las cuestiones que, vividas más cercanamente, me resultarían insoportables. Mi “estrategia” es la de intentar asumir las situaciones dolorosas de la vida aceptándolas como una parte inextricable de ella y no como si se tratara de un castigo divino e inmerecido. No obstante eso, soy consciente que existen una cantidad de situaciones que no podría aceptar con la dignidad y la mesura con las que sí puedo resignarme a otras. Ahí reside una de mis principales preocupaciones, la perder el control, la de caer en la desesperación. Si bien “mal de muchos consuelo de tontos”, no creo que sea ese un temor poco común, todo lo contrario, estoy seguro que está muy generalizado; estoy convencido que, sea conciente o no, el ser humano sabe que no está preparado para soportar determinados sufrimientos a pesar que se dice “que a todo se acostumbra el hombre” (2).
Por otro lado, está a la vista que la cultura occidental no ayuda en nada a prepararnos para lo que muy seguramente enfrentaremos más tarde o más temprano, porque en nuestra cultura se ocultan los hechos dolorosos: la muerte, la enfermedad y el sufrimiento. En mi época se le ocultaba a los niños el fallecimiento de sus seres queridos, se inventaban viajes y otras historias que con el tiempo debían blanquearse y entonces los sucesos tristes quedaban estigmatizados como algo malo en lugar de algo natural, aunque penoso. Soy de la idea que mostrarle a los niños la vida en su todos sus aspectos ayudaría a templar su espíritu y de esa manera podrían afrontar un poco mejor los malos momentos con los que fatalmente se encontrarán a lo largo de sus vidas. Nuestra cultura se afana en una tarea inútil: evitar el dolor en lugar de enseñar a cómo convivir con él. El dolor es parte integrante de cualquier vida, pretender evitarlo es como pretender meterse al río y no mojarse.
Para concluir y más allá de mi estrategia personal, sé que el análisis racional y el esfuerzo por comprender pueden ayudar a afrontar mejor muchas vicisitudes de la vida, pero también sé que, inevitablemente, nos tocará pelear en algún momento con adversarios mucho más fuertes que nosotros.
Le comentaba a Balbi que casi todos tenemos una tendencia a dramatizar excesivamente la vida, yo especialmente, y supongo que es esa la razón por la cual recurro al análisis frío como una forma de tomar distancia de las cuestiones que, vividas más cercanamente, me resultarían insoportables. Mi “estrategia” es la de intentar asumir las situaciones dolorosas de la vida aceptándolas como una parte inextricable de ella y no como si se tratara de un castigo divino e inmerecido. No obstante eso, soy consciente que existen una cantidad de situaciones que no podría aceptar con la dignidad y la mesura con las que sí puedo resignarme a otras. Ahí reside una de mis principales preocupaciones, la perder el control, la de caer en la desesperación. Si bien “mal de muchos consuelo de tontos”, no creo que sea ese un temor poco común, todo lo contrario, estoy seguro que está muy generalizado; estoy convencido que, sea conciente o no, el ser humano sabe que no está preparado para soportar determinados sufrimientos a pesar que se dice “que a todo se acostumbra el hombre” (2).
Por otro lado, está a la vista que la cultura occidental no ayuda en nada a prepararnos para lo que muy seguramente enfrentaremos más tarde o más temprano, porque en nuestra cultura se ocultan los hechos dolorosos: la muerte, la enfermedad y el sufrimiento. En mi época se le ocultaba a los niños el fallecimiento de sus seres queridos, se inventaban viajes y otras historias que con el tiempo debían blanquearse y entonces los sucesos tristes quedaban estigmatizados como algo malo en lugar de algo natural, aunque penoso. Soy de la idea que mostrarle a los niños la vida en su todos sus aspectos ayudaría a templar su espíritu y de esa manera podrían afrontar un poco mejor los malos momentos con los que fatalmente se encontrarán a lo largo de sus vidas. Nuestra cultura se afana en una tarea inútil: evitar el dolor en lugar de enseñar a cómo convivir con él. El dolor es parte integrante de cualquier vida, pretender evitarlo es como pretender meterse al río y no mojarse.
Para concluir y más allá de mi estrategia personal, sé que el análisis racional y el esfuerzo por comprender pueden ayudar a afrontar mejor muchas vicisitudes de la vida, pero también sé que, inevitablemente, nos tocará pelear en algún momento con adversarios mucho más fuertes que nosotros.
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(1) o tal vez no, pero la esperanza es lo último que se pierde.
(2) inclusive a estar casado
(2) inclusive a estar casado
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