la invención de Ernesto



Nos puede pasar un rinoceronte por delante y no darnos cuenta, pero el subconsciente registra absolutamente todo lo que sucede a nuestro alrededor, cada segundo, cada color y cada sonido, cada sensación, el rictus de disgusto de la empleada del ayuntamiento mientras avanzaba a nuestro encuentro aquella mañana de agosto, cada palabra de la primer novia, de la segunda, y de todas, cada mínimo detalle queda almacenado, sólo hay que saber buscarlo, dijo Ernesto mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro relleno. Yo encontré cómo, querido amigo, los recuerdos son accesibles para mí y lo serán para todos, con cierto costo, claro está.
 
Esto revolucionará la historia, Alejandro. Es peligroso, ya lo sé. La intimidad se habrá terminado, pero mira la parte positiva, hay millones de recuerdos que creímos perdidos definitivamente, conversaciones con personas que ya se han ido para siempre, amaneceres y puestas de sol que nos conmovieron. Inclusive podremos volver a sentir lo que sentimos en el primer orgasmo. Sí Alejandro, las sensaciones también quedan registradas, pero no siempre podrán “sacarse”, es técnicamente complejo de explicar, pero para que entiendas, digamos que los recuerdos están en un archivo en la planta baja y las emociones en un archivo en el piso diez mil, así de distinto, pero confío en que en no tanto tiempo también serán accesibles.

Más de treinta años me ha costado conseguirlo. Trabajar en solitario y sobre todo en secreto hizo que todo fuera más lento, pero siempre supe que llegaría y no quise ni quiero compartir la gloria. Pero lo más genial es que pueden identificarse perfectamente los que son recuerdos y lo que son pensamientos, ideas e ilusiones. Sí amigo, los pensamientos también quedan registrados. Te darás cuenta que las aplicaciones son infinitas. Por ejemplo, no se necesitará que alguien confiese un crimen, alcanzará con conectarlo al dispositivo y en la pantalla aparecerá todo lo que el cerebro almacenó con lujo de detalles. Se terminó la mentira impune, esta es la máquina del recuerdo y también la máquina de la verdad ¿sos consciente del potencial que tiene? Te mostraré. Vení, sentate que te conecto unos minutos, vení aquí te digo. No tengas miedo, sabés que soy una tumba, me conocés, tranquilo hombre, además nada quedará grabado, vamos a tus recuerdo de hoy, a ver qué hay por aquí, ¿dónde es esta calle?, ¡qué lugar tan peligroso!, no sabía que usases armas, ¿qué hace Sofía ahí?

La sección policial hablaba de la muerte de un ignoto científico de sólida formación académica. Según el periódico sólo quedó a salvo del fuego una libreta de anotaciones que contenía la descripción de un extraño proyecto sobre una máquina que podía leer los recuerdos. Sofía, su viuda, confió a un periodista que su esposo estaba algo desequilibrado y desde hacía años había dejado la investigación. Alejandro, su amigo de toda la vida, sería el continuador de sus trabajos.



 

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