tarde de furia



Les comunico que mi novia acaba de dejarme. Me enojé, como me sucede cada vez que no puedo cambiar la realidad. Siempre dije que el enojo es símbolo de impotencia y ahora lo vivo en carne propia. Pero en mi caso no es impotencia, es sed de justicia. Mi amigo dice que ella ha tomado esa decisión con valentía, pero a mí no me importa, yo quería que se quede conmigo. Entonces me dijo que recapacitara, que ella había actuado con sinceridad y que seguir adelante sin que existan sentimientos hubiese sido un gran error. ¿Qué sabe él? Yo quería seguir, necesito seguir. ¿A quién voy buscar a esta edad? Pero ella me tuvo que escuchar, le dije de todo menos linda. Grité más que en toda mi vida, la traté como a un trapo de piso. Mientras le contaba lo sucedido, mi amigo decía que nada mejoraría gritando y despotricando, que no me iba a aliviar, que me sentiría aún peor. También le grité a él, pero tampoco entiende. A mi ex le dije en la cara que me había engañado, que me había hecho perder los mejores ocho años de mi vida. Me dijo que esos mismos ocho años también habían pasado para ella, que siempre había sido sincera conmigo, y que no entendía por qué la acusaba de haberme engañado. ¿Por qué la acusaba? ¡si será descarada! No tiene ningún derecho de dejarme y mucho menos argumentando que no me ama. ¿Qué sabe ella lo que es el amor? ¿Y acaso mi amor no importa? Si no quiere quedarse conmigo por su amor debería quedarse por el mío. Después de la cantidad de cosas que hice por ella. Esa una desagradecida. ¿Recién ahora se da cuenta que no me ama? Son cuentos chinos, pero peor para ella, ella es la se pierde a una persona excepcional y no yo. Mujeres como esa hay por doquier, pero hay que encontrarlas y yo no quiero empezar de nuevo con el verso del noviecito, las flores, el cine y todas esas pavadas. Yo con esta mina tenía todo solucionado y ahora se le ocurre dejarme. No saben la comodidad que significa una mujer que se hace cargo de todo. Después hablé con otro amigo, ese sí que sabe y es coherente, me dijo que Marta era una hija de mil putas, que no se le hace eso a ningún hombre y mucho menos a mí que soy prácticamente un ángel de bondad.
Aprendan de esta experiencia nefasta y no se brinden como me brindo yo. Esta es una prueba más que no se puede ser bueno en la vida, porque después te responden así. “Todo vuelve Marta”, le escribí con aerosol sobre el granito recién pulido del frente de la casa, a buen entendedor pocas palabras.



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