Despedidas (r)



Mi última novia me dejó por Twitter. ¡Por Twitter!, la muy boluda se quiso hacer la tecnológica… y la tecnología no va para esas cosas. No me van a creer, pero se me sumaron catorce seguidores. Al menos se despidió, y no como Marta que me dijo que iba al baño y se escapó por la ventana de atrás, eso sí, una vez que había comido entrada, plato, postre y café ¡qué caradura! No puedo quejarme porque “el que a hierro mata a hierre muere”, y yo también hice de las mías, como esa vez que logré que convenzan a Julia que me había muerto. ¡Qué boludo! Si vivimos en el mismo barrio, alguna vez nos teníamos que encontrar. Un día nos cruzamos y me puteó de arriba abajo, pero lo hizo sólo por despecho, porque un amigo me había contado que la misma noche de mi muerte se fue a encamar con Cacho. ¡Qué atorranta!, yo recién muerto y la mina garchando. Lo bueno es que me di el gusto y se lo dije en la cara. ¿Cómo te enteraste? me preguntó. ¿Les parece?, me caga el día de mi muerte y lo único que le interesa es saber cómo me enteré. A Julia mejor perderla que encontrarla. Graciela me dejó por mail, se ve que mis chicas son todas afectas a las teclas. ¿Será que ya no va el cara a cara? Nunca me voy a olvidar de ese mail, le conté ocho faltas de ortografía en tres renglones. ¡Qué bestia era esa Graciela! pero en la cama era una víbora, una constrictora de esas que trituran los huesos, ella trituraba otra cosa, ja. Al menos Mónica me citó en un bar para dejarme, estuvo bien, aunque me hizo pagar mi cortado y el té con masas que se tomó ella. Se ve que dejar al novio no quita el hambre, porque mientras me decía que no me aguantaba más se comía las masas con unas ganas que me hizo tentar, pero no me pareció apropiado para el momento pedir un tostado, además casi no tenía "guita". La más cómica fue la de Olga, la acompañé hasta la estación de tren, nos besamos a lo loco y cuando el tren ya había arrancado me gritó “estoy saliendo con Hugo”, ¡qué vergüenza que me dio! todo el mundo me miraba. Algunos me conocían y lo peor es que conocían también a Hugo, un tremendo pelotudo, pero dicen que la tiene como de veinte centímetros. La riqueza está mal repartida... Un desubicado me hacía señas con las dos manos representando la medida de la pistola del otro. “Pueblo chico, infierno grande”. Después de ese desplante no me quedó otra que mudarme. Solamente me falta que me pateen por facebook, pero eso no va a ocurrir, porque no tengo facebook, ja.

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