por una convivencia más razonable



No existen obligaciones reales en las relaciones interpersonales. No se puede exigir al otro que cumpla lo que de antemano no ha aceptado cumplir.

Las relaciones comerciales, laborales, profesionales, civiles, etc., están regidas por contratos, reglamentos y códigos los cuales hay que respetar. En este país, además de los contratos particulares, existe el Código Civil, el Código de Convivencia Urbana, y una cantidad de reglamentos que ponen en blanco y negro derechos y obligaciones de las partes. No cumplir con ellos hace al infractor pasible de algún tipo de pena. Inclusive la sociedad conyugal tiene varios aspectos reglamentados.

Hay quienes creen que las relaciones interpersonales también tienen reglas fijas y obligatorias. Yo no creo en ello. En mi opinión, el primer error de esa creencia es que esas reglas no están explicitadas en ningún lado y el segundo, derivado parcialmente del primero, es que las reglas no son fijas sino que varían de persona a persona. Sería injusto que se nos juzgue por incumplir las leyes que es imposible que conozcamos.

Yo puedo creer que un amigo debe socorrerme en un apuro y otro puede creer que no hay ninguna obligación de ello. Alguien creer que debe existir reciprocidad entre los miembros de una pareja y otro que no. En mi opinión, todo aquello que no esté pactado, al menos de palabra, no debería ser exigido.

Se podrá argumentar que existen directivas morales y religiosas, y maneras aceptadas de proceder determinadas por usos y costumbres, los cuales nos eximen de tener que acordar todas las reglas cada vez que conocemos a alguien, también que existen obligaciones humanitarias que no se pueden desconocer. Estoy de acuerdo, no soy tan necio aunque pueda parecerlo. Todos sabemos que no me estoy refiriendo a eso, sino a las supuestas obligaciones que se crean entre los compañeros, conocidos, pareja y amigos, y que generalmente responden más a conveniencias del demandante que a la justicia de la relación.






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