un abrazo interminable




Nadie debería sufrir en soledad. Jamás deberíamos dejar que eso sucediera. Cuando el dolor es profundo la soledad apuñala aún más hondo, nunca su frío es tan intenso. Pueden faltar las palabras, pero no debiera faltar un abrazo que durara horas. Si me dejaran elegir quisiera sentir el contacto interminable del pecho amado y una nariz clavada en mi cuello. Las palabras confunden, desvirtúan. Los sentimientos no pueden ser decodificados a palabras, ya lo sabemos. Las caricias ayudan, pero son demasiado superficiales y demasiado efímeras. Se tiene que sentir la respiración del otro, los ritmos deben acompasarse. No hace falta decir nada, el silencio es muy locuaz algunas veces. Cuando el dolor es muy grande ¿qué importan las razones? “Quiéreme cuando menos lo merezco que es cuando más lo necesito”.

No es sólo un abrazo, es un intento de rescate y lleva la urgencia del rescatista, es el contacto de dos corazones, de dos necesidades perentorias y complementarias. No se necesita otra cosa

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