especímenes raros
Mi madre tenía varias taras y yo las heredé todas. Podría decirse que además las perfeccioné, como esos manuales de estudio que en su segunda edición dicen “corregido y aumentado”. La diferencia es que yo no corregí nada, sólo me dediqué a agrandar las rarezas. Si a mi madre le hubiese gustado la programación de ordenadores, hoy yo sería Bill Gates, pero lamentablemente no es el caso.Mi padre era más normal, pero fue mi hermano mayor quien heredó sus genes, como para no contrariar al bueno de Mendel. A propósito, soy prueba viviente que el gen de la preocupación no es recesivo.
El cariño de mi madre era el del cuidado y el de la preocupación, como el mío. Me preocupo por quienes quiero aunque no haya de qué preocuparse, justamente esa es la gracia. Mi madre no sólo se preocupaba por todos, también por todo, como su hijo menor.
Sólo para dar un ejemplo. Durante mi adolescencia Argentina era un país muy seguro, no obstante eso más de una noche recorrí desesperado las calles en busca de un “teléfono público” para avisar que regresaría a casa quince minutos tarde. Para aquella época los padres del inventor de la telefonía celular aún no se habían conocido y encontrar un teléfono en funcionamiento era equivalente a encontrar un pingüino en el Sahara. Mi madre se preocupaba por mi seguridad y yo por sus nervios. Buen tandem para el neuropsiquiátrico.
Demasiadas veces se consiguen efectos contrarios a los que se buscan. Mi madre intentó siempre resolverme todos los problemas, lo cual agradezco infinitamente, pero a esta altura de la vida puedo asegurar que su cariñoso esfuerzo creó bastantes más inconvenientes de los que solucionó. Yo hago lo mismo así que no puedo quejarme. Por suerte la juventud actual es más independiente y de esa manera pueden protegerse del amor de sus padres.
También incorporé el modelo sobreprotector y ahora es tan mío que tampoco concibo el cariño disociado del cuidado. Según mi particular concepción, no puede haber amor exento de socorro, así que salvo Florence Nightingale, Teresa de Calcuta y mi madre, en este mundo nadie quiere verdaderamente a nadie.
Como puede verse, la fauna bloggera está llena de especímenes raros.
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