crónica de un final anunciado
Discute con su ex, al rato reprende al hijo. Siempre en voz alta, quizá sea necesario que nos enteremos. Confieso que nunca me atreví a decirle que no me interesa conocer su vida con ese grado de detalle. Suena nuevamente el teléfono y los próximos treinta minutos transcurren entre risas forzadas y charlas inconducentes. Cada vez ajusta más sus ropas y cada vez sus comentarios se hacen más superficiales. Nos ha participado que con su última conquista comparten el alquiler de una vivienda y casi nada más. También es un miserable, pero qué otra cosa podría esperarse. Nos vamos rodeando de personas afines, una ley no escrita pero ineludible.
Son nuestros propios actos los que nos van envileciendo. Parece que se entra en una espiral descendente de deterioro y que cada acción no hace más que acelerar la caída. Como si una bajeza determinara la siguiente. Otra llamada telefónica que discurre por temas sin trascendencia. Deja su escritorio y se aleja caminando con innecesaria sensualidad. Alguien debiera haberle comunicado que la filmadora no funciona, pero no lo han hecho y la chica sigue actuando.
Un nuevo atuendo, una tableta china, las mismas peleas telefónicas inútiles, los mismos reproches diarios que ni siquiera sirven para descargar frustraciones. Sólo un cambio en las pretensiones, cada vez son más las condiciones que debería cumplir un hombre que se postule a estar con ella. Algunos dicen que es sólo una forma para explicar el “status quo”. Para colmo de males su ex tiene una nueva pareja, seguramente una tilinga…
Son nuestros propios actos los que nos van envileciendo. Parece que se entra en una espiral descendente de deterioro y que cada acción no hace más que acelerar la caída. Como si una bajeza determinara la siguiente. Otra llamada telefónica que discurre por temas sin trascendencia. Deja su escritorio y se aleja caminando con innecesaria sensualidad. Alguien debiera haberle comunicado que la filmadora no funciona, pero no lo han hecho y la chica sigue actuando.
Un nuevo atuendo, una tableta china, las mismas peleas telefónicas inútiles, los mismos reproches diarios que ni siquiera sirven para descargar frustraciones. Sólo un cambio en las pretensiones, cada vez son más las condiciones que debería cumplir un hombre que se postule a estar con ella. Algunos dicen que es sólo una forma para explicar el “status quo”. Para colmo de males su ex tiene una nueva pareja, seguramente una tilinga…

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