instantes zen
En raras ocasiones uno cree transitar instantes zen. El alcohol ayuda, o al menos creo que me está ayudando ahora. Yo digo que es porque el ego se adormece y sus miserias quedan algo aletargadas. No quiero imaginar lo que deben ser los alucinógenos, como magistralmente describió Cataneda en “Las enseñanzas de Don Juan” y toda la saga de esa obra. En estos momentos las preocupaciones se alejan y hay un cierto sentimiento de control sobre la vida propia. Una suerte de omnipotencia sobre el destino personal. Nada parece ser tan grave, ni tan trágico, ni luce tan terrible como siempre. La felicidad está al alcance de la mano, tan cerca que casi podría palparse. Supongo que debería beber algo más para alcanzar una iluminación algo más duradera, pero temo por la resaca.
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