el otro
Nada nos define tanto como persona cómo el lugar que le damos al otro. El otro es mi vecino del 5° “E”, y es mi madre, y el conductor del tren, y es mi hija, y el vendedor de carne, y es mi jefe, y es mi hermana, y el veterinario, y mi amigo, y todos los demás. El otro es todo aquel que no es uno mismo, es decir, todo el resto de la humanidad.Hay otros más lejanos y otros más cercanos, pero en definitiva todos son otros, en alguna medida.
Yo creo que cuando Dios dijo “amarás a tu prójimo como a ti mismo” definió la importancia del otro. Tampoco hay que exagerar, en ningún lugar dice que amarás al otro más que a ti mismo, tampoco menos que a ti mismo, dice igual que a ti mismo. Eso también está reflejado en el “no hagas a los demás lo que no quieras te hagan a ti”.
Para mí es muy demostrativo del interior de una persona como considera a los demás. Hay personas que tratan en forma muy diferente a los que piensan igual y a los que piensan distinto, a los socios y a los competidores, a los que acuerdan en ellas y a los que discrepan, a los primeros como amigos y a los otros como enemigos. Yo desconfío mucho de quienes establecen esas diferencias. El otro no es ni mejor ni peor por pensar distinto, ni por ser un competidor, o porque ha dejado de ser nuestro socio, o más burdo aún, porque ya no es más un seguidor o un comentarista del blog. Establecemos relaciones dónde consideramos al otro como un proveedor: material y/o afectivo y/o emocional, etc. Rara vez consideramos al otro como parte.
El otro no es un escalón sobre el que apoyarnos para subir, ni un elemento para nuestra comodidad o seguridad, ni una herramienta para nuestro desarrollo, ni un objeto de satisfacción o entretenimiento, el otro es alguien con igual importancia que uno mismo. Alguien con los mismos deseos, los mismos miedos y las mismas ilusiones más básicas, alguien que lucha por ser él mismo, como todos.
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