la amante del presidente francés
A esta altura del campeonato nadie debería sorprenderse que una persona tenga un amante, aunque sea presidente; si no que se lo pregunten a JFK, pero hay quienes quedan estupefactos frente a algo de lo más corriente, incluso a la primera dama le dio una especie de ataque de caspa.
A raíz del affaire de este hombre salen a la luz, nuevamente, un sinnúmero de consideraciones respecto a la infidelidad. En un programa de radio se preguntaban si una infidelidad debe perdonarse. Dicen "debe", como si se pudiera elegir perdonar o condenar en este tipo de cuestiones. Un juez puede elegir perdonar o condenar libremente porque no se encuentra afectado por la acción que está juzgando, pero en el terreno emocional se hace lo que se puede, no se elige, se actúa y nada más. Salvo en caso rarísimos, hablar de elección es desconocer la naturaleza humana.
En abstracto podemos analizar las causas y los efectos de una infidelidad, la pertinencia del perdón y todas las demás cuestiones asociadas al hecho, pero sería un análisis totalmente inconducente porque nada de esto sucede en la teoría, estas cosas le suceden a las personas reales con sus agravantes reales y sus atenuantes reales, y esas personas harán lo que puedan y no lo que quieren; mucho menos lo que se debe o lo que correspondería. Cada persona es un mundo y cada pareja una especie de universo. No hay procedimientos aprobados en cuestiones humanas, sí hay historia, sí hay sentimientos, sí hay emociones, sí hay miedos, puede haber amor, etc., etc., etc.
El presidente francés tiene una amante, ¿y?

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